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Mostrando entradas de mayo 27, 2012

Alejandra Pizarnik: Durante la noche cayeron un puñado de estrellas

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Voy a soplarte un aire final manojo ciego. Voy a dejarte en la cara todo el oxígeno que te hace falta para que vueles mas allá de las terrazas.
El cielo se muere sin vos.
Durante la noche cayeron un puñado de estrellas y no supe qué decirles. Se me antojó un cuento feliz, pero no me creyeron. Entonces les hablé de un campo repleto de flores y de pelusitas en vuelo.
Voy a soplarte para hacerte sueño. Y vas a vivir sobre los techos de una ciudad fantasma. Vas a viajar en los tres deseos y cuando llegues al sol vas a abrir las ventanas de mi furia, vas romper las nubes que me tapan la vista, a iluminar los pozos en los que me hundo y desagotar los espejos que se han vuelto ciénagas. Todo eso vas a hacer con el aire que ya no tengo.
En agonía, soplo. Me voy dientito de león. Dejo en vos mi brisa, que empuja lento, que abraza, que asfixia, y que a veces mata.

Alejandra Pizarnik

Es la transculturación del beso, del abrazo, del amor, de la amistad...

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El ruido del silencio envuelve las lluvias,  los recuerdos se atropellan entre los fonemas, como un eco anticipado  que se pierde en los paraguas  que no dejan caer la lluvia en los pavimentos. No se escucha ya el canto de la alondra,  implacable aúlla el viento que escucho desde el teclado de mi Toshiba.
Las sonidos se contagian de otras voces vacías 
que traen los recuerdos escritos  de las palabras que un día nos dijimos sin pronunciar silabas y que alguien rompió desde el lenguaje inarticulado de un computador.

La sonrisa que escondía la vieja fotografía ahora es una mueca vacía del silencio. que anuncia las lluvias que nunca se irán  de las calles de la gran ciudad,  donde nos escondíamos de los curiosos, desde el mueble donde compartíamos teclas y besos
 Los labios, sellados, desafían al tiempo de la maquina que transcurre lento y veloz y en la red escribo y garabateo tu nombre. El viento, cómplice, no pudo llevarse tu voz, quedó como una marca en los árboles donde los gorriones calientan sus ni…

Los paraguas de Cherburgo en el recuerdo...

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