viernes, noviembre 10, 2017

"Ten cuidado con los sueños: son las sirenas de las almas: Gustave Flaubert (1821-1881) .



El que padece de un romanticismo incurable como yo, leanlas mientras tomen una taza de té con zumo de naranja agria y miel de abejas, bien caliente, según la ocasión en compañía agradable... Ah y sigan los consejos de Flaubert, él sabe mucho de estas cuestiones, yo lo sé...

"Ten cuidado con los sueños: son las sirenas de las almas. Ellas cantan. Nos llaman. La seguimos y jamás retornamos"

Gustave Flaubert, novelista francés (1821-1881) .


Gustave Flaubert. Francia Fragmentos de Cartas a Madame Louise Colet, una de sus musas, hubo varias.
Disfrutemosla...

Croisset, 29-30 de enero de 1853.
Sí, querida Musa, tenía que escribirte una larga carta, pero he estado tan triste y fastidiado que no he tenido valor. ¿Será el ambiente, que me invade? Me siento cada vez más fúnebre. Mi puta y condenada novela me da sudores fríos. En cinco meses, desde fines de agosto, ¿sabes cuánto he escrito? ¡Sesenta y cinco páginas! ¡Y de ellas, treinta y seis después de Mantes! Lo releí todo anteayer, y me asustó lo poco que es y el tiempo que me ha costado (no cuento el esfuerzo). Cada párrafo es bueno en sí, y hay páginas perfectas, estoy seguro. Pero precisamente debido a eso, no funciona. Es una serie de párrafos modelados, completos, y que no montan unos sobre otros. Va a ser preciso desatornillarlos, aflojar las juntas, como se hace con los mástiles de barco cuando se quiere que las velas tomen más viento. Me agoto en realizar un ideal que quizá es absurdo en sí. Mi tema a lo mejor no implica este estilo. ¿Dónde estáis, felices tiempos de San Antonio? ¡Entonces escribía con mi «yo» entero! Sin duda es culpa del espacio; ¡el fondo era tan endeble! Además, el punto medio de las obras largas siempre es atroz (mi libro tendrá de cuatrocientas cincuenta a cuatrocientas ochenta páginas, más o menos; voy por la página 204). Cuando regrese de París, pienso no escribir durante quince días, y hacer el boceto de todo este final hasta el polvo, que será el límite entre la primera parte y la segunda. Aún no estoy en el punto al que creía podría llegar para la época de nuestro encuentro en Mantes. ¡Fíjate qué diversión! En fin, sea como Dios quiera. Dentro de ocho días estaremos juntos; esa idea me dilata el pecho.
(…)



Esta me gusta mucho, por eso la traigo. Son fanatica a las cartas de personalidades o de simples seres que quedan sus huellas en unas páginas, son golosinas sagradas.
Croisset, 23 de diciembre de 1853.
Hace falta quererte para escribirte esta noche, pues estoy agotado. Tengo un casco de hierro en el cráneo. Desde las dos de la tarde (salvo unos veinticinco minutos para cenar) escribo Bovary, estoy en su polvo, de lleno, en la mitad; sudan y tienen un nudo en la garganta. Éste es uno de los raros días de mi vida que he pasado en la ilusión, completamente, de cabo a rabo. Esta tarde, a las seis, en el momento en que escribía «ataque de nervios», estaba tan excitado, gritaba tan fuerte y sentía tan hondamente lo que experimentaba mi mujercita, que he temido sufrir uno yo mismo. Me he levantado de la mesa y he abierto la ventana para calmarme. La cabeza me daba vueltas. Ahora tengo grandes dolores en la espalda, en las rodillas y en la cabeza. Estoy como un hombre que ha jodido demasiado (perdón por la expresión), es decir, en una especie de agotamiento lleno de embriaguez. Y ya que estoy en el amor, es justo que no me duerma sin enviarte una caricia, un beso y todos los pensamientos que me quedan. ¿Saldrá bien? No lo sé (me estoy dando algo de prisa, para mostrar a Bouilhet un conjunto, cuando venga). Lo que es seguro es que desde hace ocho días esto avanza rápido. Que siga así, pues estoy cansado de mis lentitudes. ¡Pero temo el despertar, las desilusiones de las páginas copiadas de nuevo! No importa; bien o mal, es algo delicioso el escribir, el no ser ya uno mismo, sino el circular en medio de toda la creación de la que uno habla. Hoy por ejemplo, hombre y mujer simultáneamente, amante y querida a la vez, me he paseado a caballo por un bosque en una tarde de otoño, bajo hojas amarillas, y yo era los caballos, las hojas, el viento, las palabras que se decían y el sol rojo que hacía entrecerrarse sus párpados anegados de amor. ¿Es orgullo o piedad, es el necio desbordamiento de una satisfacción exagerada de sí mismo, o bien un instinto religioso vago y noble? Pero cuando rumio estos goces, después de haberlos experimentado, me sentiría tentado de elevar una plegaria de agradecimiento a Dios, si supiera que puede oírme. ¡Bendito sea por no haberme hecho nacer vendedor de algodón, autor de vodeviles, hombre ingenioso, etc.! Cantemos a Apolo como en los primeros días, aspiremos a pleno pulmón el aire frío del Parnaso, golpeemos nuestras guitarras y nuestros címbalos y giremos como derviches en la eterna algazara de las Formas y de las Ideas:
“Qué le importa a mi orgullo que un pueblo vano me ensalce… “
Debe de ser un verso del señor de Voltaire, no sé de dónde; pero eso es lo que hay que pensar.
(…)



NOTA:
Además de considerarsele como uno de los grandes novelistas de todos los tiempos, escribió su obra dentro del realismo. Tenía una abundante correspondencia con personalidades de la época con damas muy influyentes como princesas y futuras reinas. Cartas que alguna vez de jóvenes leímos , a mi se me parecieron como las escritas por nuestro José Martí, cuando a mujeres se refiere, como cuando lo hace a sus hermanas, a la supuesta hija María Mantilla.En el ejemplo escogido es una carta muy íntima que escribe a su musa,  Madame Louise Colet.


miércoles, noviembre 08, 2017

Aquel dia…


Aquel dia…


Era un día como éste, lo recuerdo bien, parecía que iba a acabarse el mundo y ni una hoja se movió ni una gota de agua.Yo hubiera preferido que lloviera a cántaros, no tenía deseos de ir  y menos a un funeral, no quería enfrentarme con el cadáver pero era un compromiso con mi madre, se lo había jurado y  un juramento es algo muy serio y eso si era sagrado para mi. era una promesa, antes de quedarse sin habla y sin memoria, me lo pidió y se lo prometí y como decirle que ayer lo mataron como a un perro, ningún cristiano debía tener una muerte así, pensaba mientras me vestía… Tal vez lo merecía y eso si que no se lo dirá nunca, además se trataba de las opiniones de algunos vecinos.


-Mejor, así no lo sabría nunca … Me mentía, la conocía bien, ella disfrutaba de estar al tanto de todo lo que pasaba a su alrededor, odiaba la mentira y me enseñó a odiarla y con él era diferente, yo lo sabía bien, aunque hubo algo que ya no pudo decirme aquel día que se desconecto de todo y perdió la conciencia de estar en este mundo, sentí por su mirada quería decirme algo que se quedo trabado en su mente o en su garganta, no supe dónde pero sí fue un intento por comunicarse con mi alma y se fue hasta el día de hoy, en su sillón, que compartimos tantas veces cuando hacía frío o calor para abanicarnos, cuando tenia miedo y no se lo decía, ella  lo adivinaba y me alegraba que no lo dijera y que lo sintiera para sentirme protegida.


No le diría nada aunque muy adentro percibía que todo lo que hacia, ella lo adivinaba, mis pensamientos, mis miradas, los movimientos por la habitación y si le mentía sabría que no le estaba diciendo verdad. Salí despacio de la habitación sin hacer ruidos evitando que se despertara si era que dormía.

Callé y ahora que se fue del todo, me pregunto si hice bien, si tenía el derecho de ocultarle una verdad tan importante para ella que me enseñó a no mentir .

-Si era su hijo, coño...

"Jamás tanto cariño doloroso, jamás tanta cerca arremetió lo lejos... " César Vallejo,



Cuando un poeta como César Vallejo toca temas que nos atañen a todos porque resultan universales y mueve las fibras de la Humanidad, resultan eternos y nunca pierden su actualidad, leamos este poema que publicó un 3 de noviembre de 1937, cuanta verdad encierran estos versos para los momentos de terror en que vivimos en este mundo globalizado y a la vez dividido por problemas que han azotado al hombre desde que se hizo la luz, odios por razones étnicas, religiosas, de toda índole que conocemos muy bien los que vivimos en estos tiempos de terroristas y amenazas nucleares que llevarán  al exterminio del planeta donde nos tocó en suerte que nos dejaran los duendes del espacio.

 LOS NUEVE MONSTRUOS

Y, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora, voraz,
es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor
dos veces
y el bien de ser, dolernos doblemente.

Jamás, hombres humanos,
hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
en el vaso, en la carnicería, en la aritmética!
Jamás tanto cariño doloroso,
jamás tanta cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto!
Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
más mortal
y la migraña extrajo tanta frente de la frente!
Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
el corazón, en su cajón, dolor,
la lagartija, en su cajón, dolor.

Crece la desdicha, hermanos hombres,
más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece
con la res de Rosseau, con nuestras barbas;
crece el mal por razones que ignoramos
y es una inundación con propios líquidos,
con propio barro y propia nube sólida!

Invierte el sufrimiento posiciones, da función
en que el humor acuoso es vertical
al pavimento,
el ojo es visto y esta oreja oída,
y esta oreja da nueve campanadas a la hora
del rayo, y nueve carcajadas
a la hora del trigo, y nueve sones hembras
a la hora del llanto, y nueve cánticos
a la hora del hambre y nueve truenos
y nueve látigos, menos un grito.


El dolor nos agarra, hermanos hombres,
por detrás, de perfil,
y nos aloca en los cinemas,
nos clava en los gramófonos,
nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente
a nuestros boletos, a nuestras cartas;
y es muy grave sufrir, puede uno orar...
Pues de resultas
del dolor, hay algunos
que nacen, otros crecen, otros mueren,
y otros que nacen y no mueren, otros
que sin haber nacido, mueren, y otros
que no nacen ni mueren (son los más).
Y también de resultas
del sufrimiento, estoy triste
hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,
de ver al pan, crucificado, al nabo,
ensangrentado,
llorando, a la cebolla,
al cereal, en general, harina,
a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
al vino, un ecce-homo,
tan pálida a la nieve, al sol tan ardido¹!
¡Cómo, hermanos humanos,
no deciros que ya no puedo y
ya no puedo con tanto cajón,
tanto minuto, tanta
lagartija y tanta
inversión, tanto lejos y tanta sed de sed!
Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?
¡Ah! desgraciadamente, hombre humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.





martes, noviembre 07, 2017

El poeta cubano de la angustia, Julián del Casal.




Julián del Casal, nació en La Habana un 7 de noviembre de 1863 y muere el 21 de octubre de 1893 en la misma ciudad, por cierto un mes antes había escrito a su amigo Rubén Darío describiéndole el estado delicado de su salud. Conoce al nicaragüense cuando éste viaja a La Habana en 1892 y se refuerza la amistad entre ambos, Muere el poeta y la influencia de Casal en la obra de muchos creadores modernistas se hace evidente, fue como José Martí, un renovador de la lengua castellana, iniciador de la llamada Modernidad.

Huérfano de madre desde pequeño, la cubana María del Carmen de la Lastra y Owens, natural de Artemisa en 1968 su muerte le ocasionó una herida que nunca sanó, cuando contaba 22 años, muere el padre. De una familia acomodada su vida se derrumba, la fortuna desaparece en manos inescrupulosas y quedan él y su hermana al amparo de familiares y amigos, sufrieron rigores económicos a los que no estaban acostumbrados, la hermana tuvo mejor suerte al caer dentro de una familia acomodada. Comenzó como un trabajador de Hacienda y más tarde por sus aptitudes literarias terminó trabajando en La Habana elegante, periódico de la época y vivía en un cuartucho en los altos del diario.

Carmela del Casal, su única hermana es la madre de la gran pintora Amelia Peláez del Casal, Lezama trabó una intensa amistad entre madre e hija.
Amelia no estableció con los futuros integrantes del grupo Orígenes una relación tan estrecha como la que tuvieron otros artistas como Mariano Rodríguez y René Portocarrero, aunque se sabe que realizó para Orígenes cinco portadas.Nunca hizo vida de tertulias y cafés, dedicada a su arte por entero.
  Para Lezama, Amelia Pelaez , no solo es la sobrina del poeta y lo destaca en muchas ocasiones  en  escritos referidos a la artista, no sólo el interés por el color, sino la insistencia en la iconicidad del objeto pintado, gradualmente, descubre en ella una labor de síntesis de los hallazgos plásticos mediterráneos, aplicada a la mirada sensual de lo cubano y una obsesiva búsqueda del color nacional que servía para la creación de una tradición o su sustitución por la poesía, se trataba, en lo esencial, de mostrar “un estilo de vida”


Su personalidad enfermiza nos conduce a recordar a Gustavo Adolfo Bécquer, el poeta romántico español. Casal no es un posromántico, es un renovador, cultivador de una lírica de intensa intimidad que expresa una angustia de sentido universal desde su covacha de La Habana elegante.Se le ha llamado, con razón el poeta cubano de la angustia.Tenía una personalidad introvertida y triste que se refleja en muchos de sus poemas y su frecuente preferencia por temas decadentistas.

Casal sentía una apasionada inclinación hacia la precoz poetisa, Juana Borrero, a la que cantó en redondillas, contagiados de la mortal angustia del poeta, el temperamento apasionado de Juana  y de las nuevas formas de expresión del incipiente Movimiento Modernista se convierten en dos exponentes de la poesía del momento en el continente Hispanoamericano. Ambos mueren jóvenes, ella a los diecinueve de edad, él a los 30. Vidas efímeras que dejaron sus huellas en el arte para la humanidad.

Más tarde lo recordaría Lezama en su Oda al poeta mayor que el tanto admiró.

"Los fantasmas resinosos, los gatos
que dormían en el bolsillo de tu chaleco estrellado,
se embriagaban con tus ojos verdes.
Desde entonces, el mayor gato, el peligroso genuflexo,
no ha vuelto a ser acariciado.
Cuando el gato termine la madeja,
le gustará jugar con tu cerquillo,
como las estrías de la tortuga
nos dan la hoja precisa de nuestro fin.
Tu calidad cariciosa,
que colocaba un sofá de mimbre en una estampa japonesa,
el sofá volante, como los paños de fondo
de los relatos hagiográficos,
que vino para ayudarte a morir.
.................................................."



La tarde del 21 de octubre de 1893, en la redacción de La Habana Elegante, Casal escribió como acostumbraba y esa misma noche murió súbitamente en la sobremesa de una familia amiga, en casa del doctor Lucas de los Santos Lamadrid. Un ataque de risa provocado por un chiste de uno de los presentes, se le produjo una hemorragia y sufrió la mortal rotura de un aneurisma.
Recordemos los últimos versos de la última estrofa de su poema “Nihilismo” expresa bien el estado anímico de Julián del Casal en sus últimos años:
Ansias de aniquilarme sólo siento
o de vivir en mi eternal pobreza
con mi fiel compañero, el descontento,
y mi pálida novia, la tristeza.
Por cierto estos versos los recoge Lezama en su famosa Oda al poeta.





♥ Entrada destacada

Imagina:

 Imagina: un gran escenario del gran teatro del mundo.  Imagina:  que eres una asombrada espectadora escondida entre bambalinas  s...