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No te voy a abandonar nunca, nunca... VII


Tan pronto los primeros rayos del sol entraron por todos los agujeros de la destartalada casucha, Secreto se tiró de la hamaca, la cabeza se le hacia agua, tuvo muchos sueños durante la noche y los pensamientos no afloraban con la facilidad de siempre, penso, tendre que salir a caminar, lo que hacia siempre que queria conversar con ella, ir soltando por el camino sus demonios y ponerse al dia con su mente.

 Antes de tomar la decisión de salir de la casona del señor Mercio López, lo estuvo pensando mucho tiempo porque sabía que cuando lo hiciera, nada la iba a detener que la extraña relación con el dueño de la casa la perseguiría por mucho tiempo, tal vez dejaría cicatrices, se había jurado destruirlas con todas su fuerzas, desconocía de dónde saldrían pero de eso estaba segura que algún día la abandonarían, por el momento más que dolor, le temía a sus propias reacciones y se asustaba mucho por lo indefensa y débil que se mostraba ante el varón que la dominaba, se daba cuenta que era lo peor que le podía suceder, no podía odiarlo y se preguntaba muchas veces con la precocidad que la vida le obligaba a asumir ¿Qué realmente sentía por aquel hombre que la protegía y a la vez le pedía cosas que la avergonzaban y la obligaban a la sumisión y a la obediencia? Hasta a la anciana con mucho tacto, según ella, terminó preguntándoselo y vio la respuesta reflejada en el rostro de la mujer, con los ojos abiertos desmesuradamente, con el grito, no necesitaba escuchar lo que decía y corrió hasta el fondo de la casa a hablar con Gastón, el muchacho bobo que no había aprendido a hablar y ella nunca supo si la escuchaba o no, a el podía contarle todas sus cosas, hablarle de sus temores y de sus alegrías porque tambien las tenia, estaba segura no las diría a nadie. su única respuesta siempre fue la de un abrazo y una sonrisa que mostraban la falta de sus dientes.  Extrañaba mucho de aquellos abrazos del amigo y las sonrisas desdentadas,  lo sabía su aliado aunque nunca pudo decírselo, sabía que habían encontrado muchas maneras para expresarlo.

 El señor Mercio, por más que intentaba demostrárselo, no lo era, sus abrazos eran diferentes y aunque se fue acostumbrando a ellos, le daban miedo y vergüenza, con los de Gastón , sentía protección y cariño que tanto necesitaba, con el dueño de la casa se sentía indefensa, tan confusa, su malograda inocencia le decía que no era bueno que el señor Mercio la abrazara de ese modo porque sentía cosas muy raras pasar por su cabeza, cierto gusto por aquellos momentos que no sabía descifrar a su corta edad de niña abusada. Nunca fue a contárselo al cura, no le inspiraba la confianza, tampoco a nadie ¿Estaría descubriendo el pecado, la angustiada niña? Eso si, nunca le pesó no hacerlo. hay episodios de la vida íntima que no contamos a nadie, ella lo aprendió muy bien cuando creció y sintió que si contaba parte de su pasado iba a ser condenada y tenida a menos, no todas las personas son buenas y justas  sólo conseguiría sentirse rebajaba en la escala de valores porque sabía que el señor Mercio nunca la respeto, ahora cuando pensaba en aquellos momentos de humillación sentía deseos de llorar mucho, mucho.

No sabía por qué esta mañana le había dado por esos pensamientos, se sacudió y pensó  parece que el agua de mi cabeza amaneció muy sucia hoy y cargó con el gato que feliz le ronroneaba como un bendito desde un rincón preferido, le dio un montón de besos y abrazos y salió en busca del mar saltando y cantando como si nada la estuviera pasando por su linda cabecita que la luz del sol la hacía parecer una llamarada. Este era un buen consejo de la vieja Chacha, esa si que se lo sabía todo, en secreto la bendijo y se le escaparon estas palabras.
 Yo también te quiero mucho y no te voy a dejar nunca, nunca...

Como duele no quererte¨



Se rompen los hechizos
la vanidad
la soledad
las mentiras
las verdades
la insensibilidad
la hipocresía
me retan y me acorralan

 un viento burlón
me esta buscando
tengo miedo...
de las muñecas rotas
que me miran sin ojos
me gruñen
sin dientes
me asustan
tengo miedo
de sus risas
de tu voz
que me muerde
y me miente,
y se burla
y no puede parar...



no te busco
tengo frío
gimen las rosas
se cae el cielo
se quiebra la sombra
y vuelvo a soñarte
no eres él
no soy yo
no sé si estoy
queriéndote
o te estoy llorando.

se me escapó el alma
 y duele
no volver a quererte


se envilecieron las palabras
no puedo tocarlas
se malograron, apestan
 ahuyentan a la noche
 a las madrugadas
 a la vieja canción
a los brujas,
a la poesía
al perdón
a los pecados
 se llevan mi alma

duele
duele mucho
 no quererte..

Parodiando a mis amigos: Haydeecita De Pereda.

Haydeecita De Pereda de La Habana, Cuba.
 Actualmente reside en Nevada, Estados Unidos.


Amanecí leyendo a mis amigos de facebook, hoy 19 de agosto del 2016, tropecé enseguida con este poema de Haydeecita, mi amiga hace ya 6 anos, me encanto, como me pasa siempre.

Su juego de palabras y de conceptos con el tiempo, me detuvo, siempre el tiempo, escurridizo y bribón que con una mano nos acaricia y la con la otra  nos golpea se cruza en su poesía y en mi vida, ella coge el toro por los cuernos y logra eternizarlo en el recuerdo de su amado que siempre vivirá en sus sentimientos y no dejara de verlo nunca, ahi permanecerá en sus recuerdos, lo hará eterno y congelado en el tiempo, bella imagen poética, del ser amado atrapado por el amor eterno y enjaulado para siempre en sus versos.

Hermosa fantasía donde el amor vence al tiempo...

 Amanecí en sus versos y como ella me fui tras el tiempo tratando de cazarlo y enjaulado, ella lo consiguió, yo sigo tras él.

Inquisitiva  cuando se pregunta:

¿Por qué aquí no pasa el tiempo?
(Y sus versos le contestaron)
"..................................
porque te traía conmigo
envuelto en mi sentimiento.
...........................................
y parece que no pasa,
porque siempre te estoy viendo.

Poema:

"Hoy me levanté en silencio
no quise despertar al sueño,
porque te traía conmigo
envuelto en mi sentimiento.
Como me duele hoy el tiempo
que se quedó en mi recuerdo,
y parece que no pasa,
porque siempre te estoy viendo.
No importa si estoy dormida
despierta, o si es un sueño,
porque aquí en mi corazón
tú te quedaste viviendo.
¿Por qué aquí no pasa el tiempo?
¿Por qué siempre te estoy viendo?
porque en este silencio
poco a poco estoy muriendo."

Haydeecita Pereda

César Vallejo: Hay ganas: de un gran beso que amortaje a la Vida

Hay ganas de volver, de amar, de no ausentarse,
 y hay ganas de morir, combatido por dos aguas
 encontradas que jamás han de juntarse


"LOS ANILLOS FATIGADOS..."

Hay ganas de volver, de amar, de no ausentarse,
y hay ganas de morir, combatido por dos
aguas encontradas que jamás han de istmarse.

Hay ganas: de un gran beso que amortaje a la Vida,
que acaba en el áfrica de una agonía ardiente,
suicida!

Hay ganas de... no tener ganas, Señor;
a ti yo te señalo con el dedo deicida:
hay ganas de no haber tenido corazón.

La primavera vuelve, vuelve y se irá. Y Dios,
curvado en tiempo, se repite, y pasa, pasa
a cuestas con la espina dorsal del Universo.

Cuando las sienes tocan su lúgubre tambor,
cuando me duele el sueño grabado en un puñal,
¡hay ganas de quedarse plantado en este verso!


Platónico estambre que existe
en el cáliz donde tu alma existe!

"AMOR PROHIBIDO"

Subes centelleante de labios y de ojeras!
Por tus venas subo, como un can herido
que busca el refugio de blandas aceras.

Amor, en el mundo tú eres un pecado!
Mi beso en la punta chispeante del cuerno
del diablo; mi beso que es credo sagrado!

Espíritu en el horópter que pasa
¡puro en su blasfemia!
¡el corazón que engendra al cerebro!
que pasa hacia el tuyo, por mi barro triste.
¡Platónico estambre
que existe en el cáliz donde tu alma existe!

¿Algún penitente silencio siniestro?
¿Tú acaso lo escuchas? Inocente flor!
... Y saber que donde no hay un Padrenuestro,
el Amor es un Cristo pecador!

Quiero ayudar al bueno
 a ser su poquillo de malo
 y me urge estar sentado 



"ME VIENE, HAY DÍAS, UNA GANA UBÉRRIMA ..."

Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,
de querer, de besar al cariño en sus dos rostros,
y me viene de lejos un querer
demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza,
al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito,
a la que llora por el que lloraba,
al rey del vino, al esclavo del agua,
al que ocultóse en su ira,
al que suda, al que pasa, al que sacude su persona en mi alma.
Y quiero, por lo tanto, acomodarle
al que me habla, su trenza; sus cabellos, al soldado;
su luz, al grande; su grandeza, al chico.
Quiero planchar directamente
un pañuelo al que no puede llorar
y, cuando estoy triste o me duele la dicha,
remendar a los niños y a los genios.

Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo
y me urge estar sentado
a la diestra del zurdo, y responder al mundo,
tratando de serle útil en
lo que puedo, y también quiero muchísimo
lavarle al cojo el pie,
y ayudarle a dormir al tuerto próximo.

¡Ah querer, éste, el mío, éste, el mundial,
interhumano y parroquial, proyecto!
Me viene a pelo
desde el cimiento, desde la ingle pública,
y, viniendo de lejos, da ganas de besarle
la bufanda al cantor,
y al que sufre, besarle en su sartén,
al sordo, en su rumor craneano, impávido;
al que me da lo que olvidé en mi seno,
en su Dante, en su Chaplin, en sus hombros.

Quiero, para terminar,
cuando estoy al borde célebre de la violencia
o lleno de pecho el corazón, querría
ayudar a reír al que sonríe,
ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca,
cuidar a los enfermos enfadándolos,
comprarle al vendedor,
ayudar a matar al matador ? Cosa terrible?
y quisiera yo ser bueno conmigo
en todo.




Me moriré en París con aguacero,
 un día del cual tengo ya el recuerdo. 


PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París —y no me corro—
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...