sábado, abril 20, 2013

De cuentos para internautas “Se busca a G- i ” (Wanted)



Cuando avanza el silencio, se borran los caminos, terminan las fronteras.
Los recuerdos andaban sueltos al fondo de los Martínez, se hacían guiños desordenados y seguían su rumbo hasta llegar al mar, donde van todos a parar. Los recuerdos no mienten, todos sabían que había huido y dónde podrían encontrarla pero no quedó un solo rincón, la buscaron en la casa del loco que se lleva a los malos en su saco, en el callejón de los pecados, en la casa del agua, en el huerto Chin Chuy, el único que sembraba violetas en el pueblo y aunque sabían dónde encontrarla se les borraron las fronteras por el olor a silencio y a olvido que en esos días lo inundaba todo.

No busco las sombras de la noche para marcharse, simplemente se fue, atrás quedaron los murmullos y la oración que le leía la abuela todas las noches contra el maldehojo de San Luis Beltrán. Se dio permiso para buscar su humanidad que sentía que robaban los poshumanos que poco a poco fueron llegando en nuevas hordas de la Modernidad y ella un mal día los siguió.






  No aprendió nunca a vivir entre muros invisibles que no todos ven y solo piensan en el muro de Berlín o en el Muro de las lamentaciones que existen otros más crueles, esos que te hacen pensar que eres la que otros crean y te hacen a su manera como un objeto más del mundo efervescente y cambiante de la última moda y no la que vive dentro de ti, la que tú te inventas y recreas y hasta te sientes narcisista al mirarte al espejo, la otra debe tener más huesos, hablar en todas las lenguas, ser amistosa, reír, reír  a toda hora , sin quejarte nunca de tu suerte, sin contradicciones, sin defectos visibles o invisibles. G-i, descubrió que en el mundo globalizado había que pagar un precio muy alto por ser uno mismo, quiso conservar el rubor, el asombro, el miedo y eso no iba bien con la nueva estética, solo debes ser un perfil, una fotografía por eso se buscó la que más le gustaba, aquella que trajo en su maleta y un día descubrió en un viejo carnet y se sintió bella y se puso triste cuando descubrió sus ojos.




Pensaba en su humanidad aunque el corazón fuera donado y tuviera clavos en las rodillas. Por eso cuando un día un periodista quiso entrevistarla y le pregunto qué le dirías a un extraterrestre y ella le contesto:

-¿Cómo decirle que no soy una máquina que soy real
que tengo un alma y tengo unos garfios clavados en mi  corazón?
 ¿Cómo decirle a un extraterrestre que necesito de sangre para vivir
 que soy una máquina perfecta que no puede dejar de respirar,
que regreso a la nada y soy un cuerpo, una nueva carne posthumana?
 ¿Cómo decirle a un extraterrestre que soy un cuerpo escindido
 entre lo natural y lo artificial?


Todos vivían creídos que los poshumanos habían invadido el fondo de la casa de los Martínez por eso cuando ella decidió cruzar al frente, borró las fronteras, allanó los caminos en busca de la libertad con alas que está en el viento entre las hojas y descubrió que somos nuestro propio sueño insertado en el corazón de quienes nos aman y amamos...

Continuará…


viernes, abril 19, 2013

De Cuentos para internautas un avance del nuevo título: Se busca a G-i.


MUY  PRONTO
En el fondo de la casa de los Martínez ocurren acontecimientos que se escapan más allá de sus fronteras…
¡AVISO!
Loca peligrosa, anda armada con un gato, una mariposa y un tatuaje en la espalda de forma vertical ג'ודיאו-איספאניול  se cree que el gato Jeremías y la mariposa de nombre desconocido fueron manipulados con las tecnologías más modernas, con químicos extraños.
Los vecinos que viven al fondo de los Martínez, afirman que lleva un babi en el vientre, no se ha confirmado.

La única pista son estas botas, se supone abandonadas por the insane en el momento de la huida.
Testigos que la vieron por última vez aseguran que llevaba el pelo recogido en forma trenzas con su color natural, rojizo  zanahoria, recuerden Jeremías es el nombre del gato, la mariposa cambia de colores según el viento.


Llamar de forma anónima al 303 55 196
Cuidado con sus ojos de un rarísimo color que cautivan e hipnotizan.



martes, abril 16, 2013

De Cuentos para internautas " LLanto por un amigo"


Cuento inspirado en la muerte  
de Patroclo y el llanto de Aquiles


Para lo que nadie estaba preparado por aquellos tiempos era para el regreso de  Dowlongperez ¿Cómo se enteraría de la muerte de Micro?  Dijeron que fue por un email que alguien le puso ¿Quién pudiera acordarse a esas alturas del tiempo transcurrido de él, sí casi todo el mundo le tenía miedo, salvo Microsoft y la feíta que vendía patos en la feria de los domingo? Lo cierto que llegó a los pocos días de la muerte y ocupó un terreno al fondo de los Martínez y de pronto todos lo vieron construyéndose una casa con lo que había traído en su trailer, parecía un hombre esculpido en madera de la mano de un artista, al punto que los vecinos tenían que fijarse bien no fueran a pisarlo cuando se tendía en el suelo a descansar, allí dormía, comía, lo hacía todo y la casita que se iba construyendo crecía y cada día parecía más una jaula que una casa, a la verdad que desentonaba con la arquitectura del lugar, todos decían - a los Martínez eso no les conviene, afea el fondo de su casa-

 A él no parecía preocuparle y a los Martínez mucho menos. Se decía que eran familia lejana por el origen judeo sefardita de los Pérez, apellido que iba desapareciendo gracias a la avalancha de anglicismos puestos de moda. Se les vio alcanzarle agua, salchichas, hamburguesas, frutas, su cervecita y hubo hasta quien vio que les pasaron su poquito de vodka y de whisky y hacían una especie de ritual por el muerto, que muerto es  muerto, pero dado lo reciente del fallecimiento, todavía quedaba  algo de su olor a sándalo en el ambiente.

Los Martínez eran los únicos que tenían un nombre latino en la ciudad, parecía entre tantos nombres y apellidos en inglés, uno de abolengo, cuentan que hasta escudo tenía la familia, perteneciente a una nobleza arruinada, ahora vivían rodeados de Headingbody, Titlelayout, MoreHome, FileStarted y así cuantos la imaginación inagotable de estos trasculturados podían  encontrar por las redes que nada de escudos ni abolengos, puros inventos, cada cual se ponía el que más raro les pareciera, eso sí, si descubrían que el vecino de al lado tenían el mismo que se habían inventado se lo cambiaban o por lo menos lo escribían al revés  y salían muy orondos con sus nombrecitos, altisonantes que ni ellos mismos sabían pronunciar, así es el mundo del altermodern,  trasnochados de la Modernidad, con el últimos grito de internet, lo importante era mostrar la diferencia, el estribillo tantas veces enarbolado por líderes patrioteros" todos somos iguales", había quedado atrás, lo dijeron los marxistas, los anarquistas, los fascistas, los capitalistas, ya había pasado de moda, ahora había que marcar la diferencia, ser importantes, artistas, creadores, intelectuales, sabios, genios para eso estaba Míster Gloogle.

Pero el asunto era que había regresado Dowlongperez y ahí estaba lo curioso, el conservó una parte de su identidad, no era un Pérez cualquiera, no, muy importante, aunque como el resto era un cronopio más. Su relación con Microsoft Word Starter, que después de muerto le apareció el segundo apellido por eso de que todos los muertos tienen papá y mamá, nada de bastardos.

 Lo que sí fue un misterio por mucho tiempo su relación con Dowlongperez, él no era gay y mucho menos maricón, era un  varón, un señor, por lo menos eso decía, eso de señor lo puse yo porque a pesar de llevar un estilo algo medio harapiento, más bien al descuido, no podía ocultar su elegancia, era como esos nobles empobrecidos de las novelas de Galdós, Balzac y Fiodor Dostoievski, su descuido era el de un hombre de clase, el pantalón casi siempre un Jean con un pullover y alguna camisa de seda color entero o a cuadros, casi nunca se le vio usar corbatas, las pocas ocasiones que se le vio usarla, la llevaba mal anudada o simplemente se la aflojaba de una manera que a mí me parecía tan sexi, tan especial, hasta distinguida, tenía clase, nunca lo puse en dudas.


 Por aquella época lo amé con una pasión desordenada, me pasaba horas en el computador para verlo aunque fuera en la pantallita de mi laptop, pensaba en su aire  varonil cuando lo veía con su corbata mal hecha, su pelo lacio en la frente, lo que me  convirtió en una internauta más, un George Clooney, escapado de la pantalla. Contaban que muchas perdieron las cabezas y algo más que aunque estuviera ya carcomido por el uso, se lo entregaban y juraron amarlo, quien podía escapar al embrujo del atractivo del trasculturado, con sus camisitas a cuadros, para algunas ocasiones, una chaqueta que bien podía ser de piel, corduroy, paño o lana, sus botas usadas pero como el buen charol nunca perdieron el brillo, se les descubría la marca que él sabía muy bien llevar, era un tipo elegante, algo narizón lo que lo hacía irresistible, con su barbita, eso sí bien cuidada y unas patillas que ya empezaban a blanquear, nada de la maniconeria del otro, pero siempre  juntos.


“…negra nube de pesar envolvió a Aquileo. El héroe cogió ceniza con ambas manos y derramándola sobre su cabeza, afeó el gracioso rostro y manchó la divina túnica; después se tendió en el polvo, ocupando un gran espacio, y con las manos se arrancaba los cabellos…”

 ¿Qué hacia este hombre con aspecto de macho con el otro, sandunguero y payaso? ¿Qué había en común que los hizo por muchos anos compartir la misma casa y dicen las chicas Inserstardet, que hasta la misma cama? y no estaban por cierto obligados, el matrimonio gay estaba ya permitido  para los habitantes del fondo de la casa de los Martínez que con el tiempo llegó a convertirse en Martínez City.

Él siempre lo negó y al  que se le ocurriera… corría la sangre, hasta un hacker que un día se metió en su cuenta,  salió diciendo  que al hijo de los Officepremium le dio dos balazos en el vientre que no murió de apendicitis como se dijo por aquel entonces, dos balazo que ocultaron muy bien en las cuentas de Twitter y Facebook que cerraron después del incidente, pero ¿Qué podía quedar oculto para un mundo globalizado que nos es otra cosa para muchos adictos a las redes sociales, que una chismografía virtual pero chismografía que vuela y rompe con todo? Así perdieron su dignidad muchos que se creyeron grandes tipos, total al final quedaronn desnudos frente al mundo, los Wikiliser fueron una amenaza cada vez más frecuente y acabaron con los mejores mitos, secretos de estados y figuras prominentes.

Todos aparentemente lo respetaban, pero otra forma de vida corría por las redes, dos mundos paralelos, que no se sabía cuál era el real y cuál el de ficción,Twitter, Gloogle, Amazon, Facebook los ponía sobre el tapete y hubo suicidios en muchos países civilizados con esta confusión, las identidades se convirtieron en perfiles, en abrazos, besos, juramentos, una especie de juego a la gallinita ciega… como dijera Oscar Wilde:
“La mayoría de las personas son otras personas. Sus pensamientos son las opiniones de otro, su vida un remedo, sus pasiones una cita." este si que no tenia nada de mariquita , un señor gay, un homosexual, un andrógeno que no es lo mismo ni se escribe igual.

 Un buen día, no teniendo tumba donde arrodillarse para rendirle culto al amigo, lo habían incinerado por el precio tan alto que alcanzaron los muertos por aquellos tiempos de crisis, se paró con un ramo de flores en la línea del tren y empezó a declamar, cayó en una especie de pathos escénico después me contaron que lloraba como un niño mientras recitaba, por entonces ya todos eran artistas, todo se convertía en arte en un abrir y cerrar de ojos, así que la gente empezó a acercársele para oírlo, como si se tratará de una representación de arte callejero, yo algo alucinada y pendenciera, me recordaba de los aedos de la antigua Grecia  y lo veía casi , casi como un Dios Moderno con jean y tenis y a medio afeitar, con el pelo que no lo dejaba ver bien y me dije, es Ulises que regresa a Ítaca y en mi asombro me embelesé de tal modo que no pude escuchar sus confesiones, para mí lo más  importante era él, podía estar diciendo lo que se le viniese en ganas, que yo solo escuchaba lo que quería oír…

En su catarsis poética como si se transformara en Odiseo llorando ante el cadáver de Patroclo, confesaba y describía los detalles de la sexualidad del que se fue. No quería creerlo, que mi héroe no fuera hombre, no podía ser, me lo imaginaba tan tierno y varón en la cama, por unos días les decía a todos los que me pasaban mensajes, él es un dios de la Posmodernidad y como los griegos que muchos lo fueron, si lo fue Alejandro el grande, lo fue Odiseo, el romano Cesar que conquistó una parte del mundo…

Después supe que era bisexual, que estaba muy de moda y que Dow, como me gustaba nombrarlo, no podía escapar del mundo de la Posmodernidad que tan atrevido y sexual era en la cama como en cualquier  frente de batalla, que era el mismísimo Eros…  y seguí amándolo a mi manera.

lunes, abril 15, 2013

El cineasta que llevo dentro Frank Padrón





Frank Padrón (Pinar del Río, 1958), filólogo, ensayista, crítico de arte y comunicador audiovisual. En 2011 publicó Co-Cine (El discurso culinario en la pantalla grande), (Ediciones ICAIC) y El cóndor pasa. Hacia una teoría del cine «nuestramericano» (Ediciones Unión).


Carpentier siempre nos sorprende. A la obra mayor que significa su novelística, con verdaderos clásicos (El reino de este mundo, Concierto barroco, Los pasos perdidos…) se han unido recientemente compilaciones de piezas menores –solo así calificados por su extensión, dicho sea y no de paso–, que reafirman la clase de ese escritor extraordinario, que nos enorgullece en tanto cubanos y latinos.
A las Cartas a Toutuche (correspondencia sostenida con su madre en su etapa parisina, cuando era aún muy joven), y Ese músico que llevo dentro (tres tomos de sus críticas y ensayos musicológicos), se une ahora El cine, décima musa (2011), volumen mediante el cual Ediciones ICAIC nos ayuda a apreciar y a degustar artículos que demuestran el interés carpenteriano por el séptimo arte.
Compilado y prologado por Salvador Arias, riguroso investigador del Instituto de Literatura y Lingüística, el libro reúne material periodístico que abarca colaboraciones en la prensa periódica habanera y caraqueña durante el largo periodo comprendido entre 1925 y 1979. Una lectura rápida indica varios asertos.
Primeramente, el admirable poder de síntesis que logra, en apenas un par de cuartillas, comunicar un mundo de ideas, lo cual demuestra sin más el gran periodista que fue Alejo desde sus inicios, semilla del extraordinario narrador que muy pronto comenzó a ser. En segundo lugar, el libro devela el olfato de quien descubrió tempranamente la importancia del cine como arte, frente a los no pocos que por entonces declararon prejuiciosamente su carácter de «entretenimiento ferial», y después su inminente muerte.
Carpentier insiste, desde sus primeros acercamientos al tema, en atacar esos y otros preconceptos; en la crónica que da nombre al volumen, arremete contra quienes establecen absurdos parangones entre el cine y el teatro: «La equivocación parte del concepto errado de que un género ha de ser necesariamente superior al otro y que mostrar una decidida predilección por el “séptimo arte” equivale a hacer traición, en bloque, a toda la tradicional y respetable tradición escénica».(1)
Varias figuras atraen su atención y su pluma: Charles Chaplin; Serguei Einsenstein y, por extensión, el nuevo cine soviético de la época; Orson Welles. De ellos no solo comenta sus filmes, sino artículos y declaraciones; mas la pasión no lo ciega: plasma sin regodeos cuando alguna de sus obras le parecen menores, cuestiona este o aquel criterio y, de tal modo, ofrece un seguimiento de experto, que no se limita a la escueta «primera impresión». Es justamente la grandeza de esos artistas, a quien el tiempo situó en el lugar debido dentro de la historia del cine y el arte todo, lo que demuestra la agudeza y el olfato de aquel crítico en ciernes.
A propósito de ello y siendo totalmente honestos, al leer y analizar estas crónicas en conjunto, se prefiere al periodista que partiendo de un título concreto o de un tema desarrolla otro –digamos, la posible incidencia del «cine de horror» en la sociedad, el falso oropel de los estudios, que esconden verdaderas pesadillas, o los rumbos de la cinematografía europea (en específico, la germana) casi desconocidos para el espectador latinoamericano–, más que al escritor que puntualmente se detiene en una obra, con frecuencia, fascinado por el relato y que, dejando salir a borbotones al narrador, «cuenta la película» y resuelve su valoración en dos o tres frases, cierto que muy agudas.
Precisamente en tal categoría –la del novelista omnipresente– llaman la atención los puntos de contacto que advierte el autor entre la narrativa y el cine. Al hablar de los recursos de este último, afirma con mucha convicción (y razón) que «[u]no de los más importantes –el más trascendental, seguramente– está en que es el primer arte que permite una movilización de lo absurdo. Y el absurdo organizado es una fuerza: la fuerza misma de lo maravilloso»,(2) siendo así muy fácil encontrar coincidencias entre esa apreciación y la tendencia estética que signó la mayor parte de su producción narrativa.
No casualmente se dedicó a comentar los nexos existentes entre ambas artes –a veces felices, otras no–, en iluminadores artículos como «Cine y literatura» y «La Odisea en la pantalla», o en aquellos otros donde rastreó la presencia de El Quijote, Jean Cocteau, Walter Scott, Tolstoi o José Martí en el espacio fílmico. Este último adquiere relieve, dado el entusiasmo que le provocó esa «rara avis» de José Massip, lo cual puede apreciarse en una de sus últimas reseñas. En ella se lee:
Con esta producción, el cine cubano se enriquece con un logro de excepcional importancia, afirmación de su madurez, de su condición adulta, en todos los planos de la factura, de la técnica, de la labor de intérpretes y acción eficiente –lírica y sin embargo ceñida a los sobrios contrastes, a las calidades de agua fuerte del texto martiano– del realizador José Massip, que aquí se nos muestra en el pleno dominio de sus medios.(3)
Musicólogo al fin, uno de los rubros que privilegia en los textos cinematográficos a los que se acerca es la banda sonora. Con el oído afilado, la cultura musical y la sensibilidad de «ese músico que llev[aba] dentro», el comentarista hace justicia, por ejemplo, al imprescindible acompañante de las imágenes en el periodo mudo:
El «pianista de cine» –escribe– era el máximo espectador de la película. Situado al pie de la pantalla, en un ángulo particularmente desfavorable para enterarse de lo que ocurría, lograba adivinar, haciendo prodigios de intuición, que aquellas sombras evanescentes anunciaban un bosque […] en el acto, sus dedos ingeniosos buscaban el trozo adecuado.(4)
Así, cuestiona, elucida y hace valoraciones con «oreja muy fina», cultura musical y sensibilidad, tanto acerca de las partituras, o de la utilización de este u otro fragmento en el cine (ya sonoro), como acerca de algún que otro plagio o cierto segmento −a su juicio− infelizmente utilizado, en esclarecedores artículos como «La música en el festival de cine», «Ópera y cine», «Una fecha en la historia del cine» o «Al margen de una película». Justamente en ese último expresa:
Cuando la música ligera es fina, graciosa; cuando cumple con sus meras finalidades de ser amable y buena para bailar, y además, está bien escrita (como ocurría con la música bailable de Gershwin) se hace algo sumamente interesante, por cuanto contribuye a caracterizar, con una aportación que no puede ignorarse, la época en que se produce.(5)
Pero Alejo se introduce en temas medulares que aún hoy mantienen una vigencia absoluta: la dualidad cine comercial/de arte le arranca sabias reflexiones, dejando clara su preferencia por el segundo y criticando a los meros artesanos, solo interesados en ganar dinero a costa de llenar las salas. Y si alguna vez le preocupó la posible muerte del cine, casi siempre mostró su fe en la continuidad y en el perfeccionamiento de esta manifestación −debates, como sabemos, que han conocido frecuentes y cíclicas reapariciones a través de la historia de ese arte–. También avizoró la preponderancia de Hollywood, por lo cual privilegió más de una vez las cinematografías alternativas de Asia, Europa y América Latina, incluido nuestro país, por supuesto. De hecho una de sus últimas crónicas, «En el vigésimo aniversario del ICAIC», escrita en 1979 y publicada en el diario Granma, fue un entusiasta saludo al cine cubano. Allí plasma, convencido: «El cine cubano, conocido ya en todas partes, se ha integrado en el panorama de la cinematografía mundial como logro ejemplar y admirable de nuestra lucha en el frente de la cultura revolucionaria, imponiéndose además, por derecho propio, en virtud de sus méritos intrínsecamente cualitativos».(6)
La edición de Daniel García Santos fue suficientemente cuidadosa; sin embargo, pudo haber contemplado ciertas aclaraciones, mediante notas al pie, de cambios que en ocasiones ocurren con algunos títulos: el autor se refiere indistintamente a Potemkim, el clásico ruso, como El crucero…, otras como definitivamente se le conoce (El acorazado…); a La Quimera del Oro (Chaplin), cuando no la denomina así, la nombra La avalancha…, lo cual pudo deberse a variedad en las traducciones del momento, pero puede generar confusiones en el lector.
La cubierta de Alfredo Montoto resulta expresiva: el clásico fotograma de Charlot junto al entonces niño Mickey Rooney, en El chicuelo, ilustra como pocos, no solo, en términos generales, la materia en que nos adentraremos, sino, particularmente, la recurrente presencia en la obra carpenteriana de uno de los mitos cinematográficos más admirados por el escritor.
El cine, décima musa es un libro necesario. Tanto para los estudiosos y admiradores de la cimera figura de las letras hispanoamericanas que lo firma, como para los cinéfilos en general: impresiona comprobar cómo, en pleno siglo xxi, muchos de los asertos, comentarios y apuntes del escritor, aquí en su faceta de avispado cronista cinematográfico, se mantienen en pie y siguen contribuyendo a la ampliación de la cultura fílmica del lector. Como afirma Graziella Pogolotti en su Introducción:
Alejo nunca abandonó su fidelidad al cine. […] No fue entonces, un espectador casual. Frecuentaba la sala oscura en la etapa silente con Amadeo Roldán, unode los fundadores de la vanguardia musical […] A la salida, ambos prolongaban la noche tejiendo sueños de futuro. Esa proyección de futuridad, volcada hacia la realización de un arte nuevo aguzó el entendimiento para percibir las posibilidades abiertas por la cámara y el celuloide.(7)

(1) Alejo Carpentier, El cine, décima musa, Ediciones ICAIC, La Habana, 20
(2) «Páginas del diario de José Martí, nuevo filme cubano de José Massip»,
(4) «Músicas cinematográficas»
(5) «Al margen de una película»
 (7) Graziella Pogolotti, «Introducción»,

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