viernes, julio 15, 2011

Estas en el lenguaje de las rosas


Ahí estás…
te siento en el sonido
que me trae la noche.
Y aunque no te veo
presiento tu voz
arrancada al silencio.
Estás en el lenguaje de las rosas
que hablan en susurros
y me traen tus besos...

georgina miguez lima ©.

Donde nadie lo esperaba..

Acaba de llegar muerto en el tren de aterrizaje de un avión de Iberia un joven cubano de 23 años, estoy segura que no era un perseguido político ni un disidente, sencillamente era un joven sin libertad, sin una perspectiva de futuro y huyó como hacen tantos, solo que en la huida dejo su joven vida alla en Madrid donde nadie lo esperaba.
 ¿Es un emigrante económico o político? Para muchos en Miami y en algunas partes del mundo, será económico y ahora están sensibles y alguna lágrima se derramará en su nombre, que aún se desconoce, pero pronto este muchacho será uno mas que salio en busca de mejores condiciones económicas para ellos que pronto estará en la isla visitando a los familiares , tal vez a los padres, a algún hijo, a la novia o la esposa, un hijito pequeño que dejo en la huida para comprarle esa cosas que nos gustan regalar a los nuestros y sería criticado y muchos alzaran la voz para decir, yo vine en…  196..y no tengo nada que ir a buscar allá, claro que lo sabemos que ya no esta la arboleda y el abuelo murió preguntando por el ingrato que un día dejó de escribir.. pero él si tenia que volver y volveria a los suyos, al abrazo que dejo colgado en el ala del avión, en el beso que quedo en el aire, él regresaría…
 Siempre oi decir, tal vez lei en mis obligados estudios de economía  que política y economía no pueden separarse, una y otra se compensan , los problemas económicos se convierten en políticos y viceversa, asi que esta nueva victima de la dictadura sí es un perseguido, sí es un emigrante político y también económico , en la desesperación por buscar una vida mejor, dejó la suya en Barajas donde nadie lo esperaba…
georgina miguez lima ©.

jueves, julio 14, 2011

Delmira Agustini… Todos los estremecimientos del espíritu femenino


tu beso
puñal de fuego en vaina de embeleso,
me come en sueños como un cáncer rosa”

Delmira Agostini 

Siempre he sentido curiosidad por esta escritora, muchas veces la vida y la obra no andan juntas, el misterio de esta mujer especial es su obra, es su vida, no puede huir de sus garabatos, no puede escapar, vive desde dentro, como siente y está ahí, me parece escuchar cuando leo sus versos, sus gemidos, sus risas y llantos.

Su época no fue un freno para vivir y morir a su manera pero no la perdonó y en una danza de la muerte los Dioses paganos le pidieron, no su alma que ya la había entregado al sacrificio, le pidieron su vida, su sangre, no pudo como la monja mexicana escribir su historia con su propia sangre, se adelantó a la voluntad de su destino y entrego su vida ¿A quién? Solo ella lo sabe ¿Al amor? ¿Al hombre que la llevo a la cima de la montaña? O simplemente huyo y desobedeció a las voces ocultas que le pedían inmolarse que no es mismo inmolarse que huir y sin permisos de nadie escribir el último capítulo de su vida. Misterios…

.... ¡Ven, canta, canta!
¡Oh, mi musa enfermiza!

¡Oh, mi musa precoz, mi musa extraña!

No buscó el más allá queriendo escapar de sí misma hacia su obra, viajó el mas acá en busca de su propio ser para encontrar su propia expresión. Su mundo nos llega a veces doloroso o riente, sencillo o complicado… Así es la joven poetisa uruguaya, espiritual, sentimental y llena de emociones que la hacen humana y divina.

 Su vida, su poesía, su belleza, su muerte la hacen auténtica, mujer volcánica y pasional como poca y, siempre cuando se hable de amor y de pasión , hay que invocarla, hay que rendirle culto y encender un cirio por su alma.

Su historia la seguiré en artículos que llegaran como pan acabado de hornear porque su vida y su muerte están en todas las mujeres que vamos por el mundo buscando la felicidad desde un mundo tumultuoso de sentimientos y espiritualidad, rara combinación pero nosotras sabemos que es posible.


georgina miguez lima ©.

Mi verdad



No es necesario llegar desnuda a tus instintos, solo la evocación y los antiguos besos nos darán las señales y regresaremos al callejón de los recuerdos que quedaron rezagados en los vetustos adoquines donde escuchamos el ruido de las sirenas que nadaban por el pavimento de los faroles que alumbraban los altos edificios de adobe


Desde lejos oigo los viejos pregones que me recuerdan esa extraña sinfonía que escucho cuando la tarde quiere besarme y me avisa que la noche es nuestra hora sagrada para rendir culto a las antiguas provocaciones del deseo que se perdían por toda la ciudad cuando la melodía iba transformándose en maullidos de gata en celo y la lejanía se acortaba, se multiplicaba y terminábamos mirando al cielo que socarrón se acostaba y abría la puerta a las estrellas.

Eres lo que no digo a nadie, la pieza del rompecabezas perdida que un día encontré dentro de Ulises y supe entonces que cien años caben en un día y que mi verdad es la que llevo dentro, lo que me invento y no digo a nadie, la que me acompaña y juego con ella cuando voy en el tranvía y hago películas de mis recuerdos que no existe la soledad que siempre buscamos a alguien aunque no lo encontremos nunca porque en su  búsqueda está el misterio de mi verdad.

miércoles, julio 13, 2011

Cuento inconcluso.




El olor a lirios sorprendió a todos los habitantes de Bugalinda, nadie pudo escapar al aroma que se perdía por todos los callejones.  

Muchos años después cuando regresaron las bibijaguas azules se supo que los sueños se habían escondido y quedaron encerrados para siempre en baúles y escaparates, ni conjuros, ni encantamientos pudieron salvarlos del olvido…

Nadie se sorprendió cuando la vieron aparecer por el callejón que solo conducía al mar, ese fue el día que los muertos se cansaron de tantos lirios, invadieron las calles del pueblo, después se supo que venían por los sueños empolvados que dejaron en los muros y en los pavimentos, lo que nadie  nunca averiguo a dónde fueron a parar los huesos de los difuntos...

Allí estaba ella, todos sabían en el pueblo que regresaría, lo decían los negros brujos y las comadronas y hasta el adivino que curaba el mal de ojos y los parásitos de los niños, que todos los días 29 de febrero cuando el año era bisiesto llegada desde Oriente y  predijo que volvería por la vieja casona a llevarse lo que le arrebataron en vida. Lo que no sabían en el pueblo como se llevaría la mala hora en que conoció a Mundo Caiñas.

 Parecía un maniquí escapado de un escaparate, seria, pero cualquiera que se detuviera unos instantes en la mirada de gata asustada, descubriría una chispa como si la sonrisa quisiera escapársele de los gruesos labios en complicidad con los  ojos. No era una mujer hermosa, demasiados huesos para el gusto de la época pero todas volvían el rostro cuando se acercaba y su mirada vagaba de un lado a otro como si se apropiara de todo lo que estaba a su paso y lo guardara en algún recoveco de su alma.

No respondía a los saludos de algunos que tímidamente se inclinaban para abrirle paso a la enigmática mujer, las más viejas cuchicheaban, las más jóvenes la miraban con cierta envidia y temor por sus hombres, ninguno estaría a salvo con la presencia de la mujer que desató el amor, los celos y la muerte en el pueblucho que se perdía en las tardes calurosas que solo los pitazos del viejo tren sacaban de la morriña y el estupor de los días interminables cargados de lluvias y de  berridos de vacas que llevaban al matadero.

Aquella tarde de lluvias y de gatos nadie durmió la siesta que de pijama hacían los pobladores desde que el alcalde aquel, Nicolás Perdomo, los obligaba a recogerse en las casas porque era la hora en que él visitaba a su concubina, la señorita Azucena, la hija del tendero, ese fue el primero en mandarse a hacer uno porque nadie en el pueblo tenía costumbre de usarlo y dicen las malas lenguas que la deshonra de la dulzona muchacha lo convirtió en el hombre más rico del pueblo, eso lo supimos después que pasó el ciclón  Bettyy los billetes del tendero volaron por las cuatro esquinas  y todos pensaron en la maldición de la tuerta que no le perdonó nunca al mosquita muerta que no se ocupase de un hijo que tuvieron de amores inciertos.

Pero volvamos a nuestra inusual visitante.  Sí, porque aunque todos se acordaban como si hubiera sido ayer de los sucesos que transformaron la tranquilidad de los habitantes de Bugalinda,  habían transcurrido muchos años, tantos como los que tenía el viejo Dámaso porque ese día se le ocurrió venir a este pícaro mundo cuando la tragedia se enseñoreaba de los pocos inquilinos de la misteriosa casona.


georgina miguez lima ©.

♥ Entrada destacada

Imagina:

 Imagina: un gran escenario del gran teatro del mundo.  Imagina:  que eres una asombrada espectadora escondida entre bambalinas  s...