sábado, mayo 10, 2014

La Habana en los recuerdos de sus hijos ausentes. Sexta Parte con Gini Miguez Lima



Yo no nací en La Habana, nació en un pueblito de la provincia de Matanzas, Jagüey Grande, mis padres me llevaron muy pequeña para la gran ciudad, porque La Habana, aunque muchos no lo crean, fue una gran ciudad.
De lo primero que me adueñe fue del mar, nunca recordaba haberlo visto aunque mi mama me aseguraba que si, no le creí  porque cuando estuve frente con frente a el, solo se me ocurrió preguntar si tenía fin para mí fue un descubrimiento muy grande porque estaba ante a un acontecimiento desmesurado a mis ojos y no podía explicármelo y empezaron mis asombros y mis misterios con los que todavía ando algo confundida y embelesada.

Este cuento es de una serie” Cuentos de amor, de travesuras y de misterios” Donde soy una protagonista adolescente que va descubriendo la vida a través del amor, mi tema favorito.

“La ciudad” (3)

El olor a azahar me perseguía a todas partes , estaba en las maletas parecía que me acompañaría a la gran ciudad... La Habana me abría sus brazos, pero el aroma se perdía poco a poco, quería retenerlo pero se me escapaba, se alejaba de mí, creo que fue lo primero que empecé a extrañar, no solo sentí que dejaba el olor a azahar, dejaba mi niñez, mis travesuras, mis muñecas, mis juegos infantiles, mis primeros garabatos en aquel primer cuaderno, mis mascotas...mis visitas a la casona de los Caiñas y sobre todo a mi príncipe, lograría olvidar su sonrisa, sus carcajadas mostrando unos dientes, no perfectos, estaban algo montados los del centro, muchos años después descubrí que eran como los de Richard Gere..
Todo se me iba desdibujando en la medida que el tren avanzaba con sus mujidos y su paso lento.

Iban conmigo las cosas que nunca he podido dejar atrás mis ilusiones, mis sueños, mis recuerdos y mis amores...el amor a todo lo que dejaba desde el grillo que insoportable la noche anterior me quitaba el sueño hasta al viejo Dámaso, que siempre cuando asomaba sus ojos y su voz por la ventana me asustaba y corría a esconderme detrás de la puerta hasta que se iba...

El Cristo de La Habana.
La Habana que linda la encontré, luces, anuncios, automóviles uno tras otro, edificios altos, los barrios, las calles, las avenidas, los parques. ¡Ay! Los parques, en mi pueblito había uno donde estaba la iglesia, el ayuntamiento, la escuela pública, pero estos eran diferentes sobre todo los del Vedado los que me rodeaban y me siguen persiguiendo porque siempre regreso a ellos cuando siento la necesidad de huir ...de esconderme, me siento en el viejo banco y a volar con mi imaginación... y vuelven a mi mente poemas que he leído de algún poeta olvidado en mi memoria, recuerdo uno" El viejo parque”, hasta rememoro algunos fragmentos..."Llego a la misma banca donde me senté aquella tarde, comienzo a comprobar que este hermoso lugar es el mismo, aun los desastres del tiempo no han logrado descubrir su escondite. .".La otra que me venía a la mente era "La calle de atrás."....creo que del mismo autor...comenzaba...” La calle de atrás siempre obedece a la nostalgia siempre está pendiente de la luz porque no llega el sol". Estos poemas me volvían a la evocación de mi pueblo.

Capitolio habanero
De pronto me doy cuenta que no estoy en el presente, me he ido al futuro. Esos poemas los leí mucho después. Nada a poner los pies sobre la tierra, Mariíta de nuevo al presente...las añoranzas cuando las necesites....no empieces a romper sueños, ya tendrás tiempo. Lo que ella no sabía entonces, que cuando los rompía los iba remendando con un zurcido sutil que aprendí de la abuela...

Parque Nacional Jose Marti

Oía la voz de mi madre:

-Acabas de llegar a la capital, mira -ese es el Parque Central ¿No ves a Martí?

-¿Y por qué no está montado en un caballo?

- Bueno hija, eso no lo sé –

Miré a mi mama y me extrañé que no supiera algo, seria ¿qué la gran ciudad estaba ejerciendo su magia? Y también a ella la envolvía en su atmosfera, en su aroma. Todo limpiecito ¿Quién me diría entonces que la amaría tanto, qué la haría mi ciudad, que recordaría hasta el ruido y las voces de sus calles, al chinito vendiendo maní? Otra traición al tiempo de la narración y se acabó el relato, nada de lágrimas.

Fuente de La India
-Estas pasando por el Parque Central, mira la fuente de la India, hija, esa historia si me la sé, te la hago en el hotel -menos mal pensé-

Lo otro fue el mar, nunca lo había visto, me paré frente a él y le pregunté a mi mamá, que ella si debía saberlo y aunque no lo hubiera visto nunca, estaría hablando del mar hasta que mi papá la mandara a callar.

- ¿No tiene fin? 

Porque me pareció infinito, no podía esconder mi asombro, mis ojos se perdían, los cerraba para que fueran más lejos buscando el final que nunca he encontrado, para mí no tiene fin, el color azul, supe que se lo daban las nubes, las olas, parecía una alucinada, no quería irme y aunque la primera impresión fue de miedo, me fui adueñado, lo fui incorporando a mis ojos y estuve mucho tiempo pensando en azul.

El castillo del Morro de La Habana frente al litoral.
 El mar estaba en todas partes ,creo que nunca se ha ido de mí, a veces aunque no esté en el horizonte yo lo veo, lo invento y me siento en el malecón caminando por el muro, oyendo los acordes de una guitarra o viendo a los enamorados mientras se mojan el rostro al besarse.

La Habana me había conquistado, atrás queda mi pueblito, my familia, mí primer amor y la prima Perica, ésa sí estuvo mucho tiempo torturándome la creía la asesina de la pobre señora Fita Verdecía, que creo también tenía un parentesco lejano con nosotros los Fernández de la Vega, porque era su segundo apellido.

Monumento Calixto García
Cuando volvía la vista atrás, mi pueblito lo empezaba a ver en blanco y negro, claro con una excepción.... el muy a mi pesar era el dueño de mi alma, sentía su presencia, sus ojos mirándome, ahora diferente, era la mirada que quiere ocultar su deseo. No, no pude, salía directa a mis ojos y de ahí sentía que me recorría todo el cuerpo, por lo menos eso era lo que pensaba entonces. Se adueñaba de mí, estaba en todas mis cosas en mis cuadernos, en cada hoja había escrito su nombre, pintaba corazoncitos infantiles como una tonta. Cuando me ponía a estudiar Latín, como no me gustaba, lo dejaba entrar, hasta pensé que sabía más Latín que yo .Un día se lo comenté a mi mamá que vino a verme:

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La Habana desde el recuerdo de sus hijos ausentes. Parte Quinta con Gilberto Dihigo.




- Abandonada a su dolor, hermosa, seductora e inolvidable La Habana lo conmueve siempre desde la distancia, porque por esa ecuación tal vez simplista de explicar lo inexplicable y que lo defiende ante el poder de la razón, La Habana es La Habana y no hay que decir más.
Detrás de ese nombre se encuentran las caricias tiernas e imborrables de la madre, el misterio del primer beso, los amigos de siempre, las carcajadas más despreocupadas y un sentimiento de pertenencia que lo acompaña en su paso por el mundo. Detrás de ese nombre se encuentran un torbellino de emociones frescas y primerizas, todas genuinas.
No es necesario cerrar los ojos para verla desafiante y cansada, envuelta dentro de esos azules verdosos del cielo, insinuada por un mar de aguas cálidas que a veces es quieto y sereno, otras tan furioso que causa temor su visible agresividad, pero al final siempre es hermoso. Su sonido inconfundible de ciudad musical, media negra, media blanca, es audible en los más remotos oídos, sus destellos invisibles que reclaman fidelidad son visibles dentro de los más remotos pensamientos, las más intricadas mentes de quienes salieron de su vientre.


¡! La Habana!.. maravillosa ciudad que fue amada desde que surgió, hoy en día con los signos visibles del transcurrir del tiempo en su fisonomía, exhibiendo jirones de un época feliz cuando solo decir su nombre la situaba dentro de las ciudades más famosas del mundo. Ahora solo le quedan los laureles y el orgullo por su belleza perdida.
La Habana es una suerte de retrato de Dorian Grey a la inversa, sólo vemos su entorno colorido con poderosas fachadas iluminadas en viejas postales, películas y fotos del pasado, porque La Habana real, esa Habana que entristece verla, muestra un rostro tan deteriorado y patético, tan distante del ayer, que siempre es preferible recordar la imagen idílica de sus vidrieras alumbradas, sus noches con lugares célebres que no dormían, que algunos reconocen en películas y otros vivieron con intensidad.


Pasear por el malecón, sentir en el rostro el aire fresco del mar o caminar por las callejuelas de la parte vieja de la ciudad repletas de historias centenarias, ascender por la vetusta escalinata de la Universidad y mirar hacia atrás y ver la línea hermosa que ofrece San Lázaro para indicar el mar o sencillamente llenarse los ojos por Quinta Avenida, son reflejos de la majestuosidad que asombra todavía al nuevo visitante y hace decir a boca llena: La Habana es La Habana.


 Un compañerito de la infancia, Rogelio Cordero, quien vive en Alemania sin saber que emborronaba cuartillas envió en un correo esta confesión sobre su también capital:
¡!!Cuantos recuerdos hermanos,  cuanta picaresca sana!!!!!
y hoy día nada cercanos de nuestra ciudad ...La Habana!!------
nuestras cabezas con canas de nostalgias van vestidas
 aún perdura en nuestras vidas ese recuerdo sagrado.
Y es que el recuerdo de La Habana, sus virtudes, la promesa de lo que ya no fue, su singularidad y porque no pluralidad, caminan por las calles de Nueva York, México, España, Miami, Suecia, China, Costa Rica, Japón, Paris, Bruselas, Argentina, Italia, en fin por todos los rincones del mundo donde un habanero plantó su sombra, ahí llegó, junto con él, la mística de su ciudad, esa que una poetisa llamó “señora de la gran llave”. La ciudad que necesitaba varias leyendas para saber su nombre y el cual algunos creen que viene de la palabra india “abana”, que significa “ella está loca”. ¿Será por eso que los habaneros son un poco locos?, quien sabe, pero todos saben que La Habana es La Habana y eso es suficiente como advertencia.


Tal vez hay mejores ciudades, porque no, tal vez unas sean más lindas, más confortables, mas dinámicas, nadie puede discutir eso. Sin embargo ninguna es como La Habana, pese a que ahora sus calles se encuentren deterioradas con los huecos del bombardeo del abandono, la mayoría de sus casas sin pintar, los edificios envejecidos debido al comején político que la colocó de manera siniestra en la ruta de una dimensión ruinosa que destruye poco a poco sus vestiduras.


Pese a todo esos males, La Habana no pierde su espíritu de saberse grande y que un día, no sabe cuándo, volverá a brillar como antes y entonces sus miles de hijos ya no tendrán la necesidad de pensar en la belleza de una ciudad del pasado y explicar lo inexplicable. A fin de cuentas La Habana es La Habana y no hace falta más.

Publicado 9th August 2011 por EL NIETO DEL MAMBI

La Habana en los recuerdos de sus hijos ausentes. Cuarta Parte con Gaston Baquero



GASTON BAQUERO

Yo te amo, ciudad,
aunque sólo escucho de ti el lejano rumor,
aunque soy en tu olvido una isla invisible,
porque resuenas y tiemblas y me olvidas,
yo te amo, ciudad.

Yo te amo, ciudad,
cuando la lluvia nace súbita en tu cabeza
amenazando disolverte el rostro numeroso,
cuando hasta el silente cristal en que resido
las estrellas arrojan su esperanza,
cuando sé que padeces,
cuando tu risa espectral se deshace en mis oídos,
cuando mi piel te arde en la memoria,
cuando recuerdas, niegas, resucitas, pereces,
yo te amo, ciudad.

Yo te amo, ciudad,
cuando desciendes lívida y extática
en el sepulcro breve de la noche,
cuando alzas los párpados fugaces
ante el fervor castísimo,
cuando dejas que el sol se precipite
como un río de abejas silenciosas,
como un rostro inocente de manzana,
como un niño que dice acepto y pone su mejilla.

 Yo te amo, ciudad,
porque te veo lejos de la muerte,
porque la muerte pasa y tú la miras
con tus ojos de pez, con tu radiante
rostro de un pez que se presiente libre;
porque la muerte llega y tú la sientes
cómo mueve sus manos invisibles,
cómo arrebata y pide, cómo muerde
y tú la miras, la oyes sin moverte, la desdeñas,
vistes la muerte de ropajes pétreos,
la vistes de ciudad, la desfiguras
dándole el rostro múltiple que tienes,
vistiéndola de iglesia, de plaza o cementerio,
haciéndola quedarse inmóvil bajo el río,
haciéndola sentirse un puente milenario,
volviéndola de piedra, volviéndola de noche
volviéndola ciudad enamorada, y la desdeñas,
la vences, la reclinas,
como si fuese un perro disecado,
o el bastón de un difunto,
o las palabras muertas de un difunto.



Yo te amo, ciudad
porque la muerte nunca te abandona,
porque te sigue el perro de la muerte
y te dejas lamer desde los pies al rostro,
porque la muerte es quien te hace el sueño,
te inventa lo nocturno en sus entrañas,
hace callar los ruidos fingiendo que dormitas,
y tú la ves crecer en tus entrañas,
pasearse en tus jardines con sus ojos color de amapola,
con su boca amorosa, su luz de estrella en los labios,
la escuchas cómo roe y cómo lame,
cómo de pronto te arrebata un hijo,
te arrebata una flor, te destruye un jardín,
y te golpea los ojos y la miras
sacando tu sonrisa indiferente,
dejándola que sueñe con su imperio,
soñándose tu nombre y tu destino.
Pero eres tú, ciudad, color del mundo,
tú eres quien haces que la muerte exista;
la muerte está en tus manos prisionera,
es tus casas de piedra, es tus calles, tu cielo.





Yo soy un pez, un eco de la muerte,
en mi cuerpo la muerte se aproxima
hacia los seres tiernos resonando,
y ahora la siento en mí incorporada,
ante tus ojos, ante tu olvido, ciudad, estoy muriendo,
me estoy volviendo un pez de forma indestructible,
me estoy quedando a solas con mi alma,
siento cómo la muerte me mira fijamente,
cómo ha iniciado un viaje extraño por mi alma,
cómo habita mi estancia más callada,
mientras descansas, ciudad, mientras olvidas.

Yo no quiero morir, ciudad, yo soy tu sombra,
yo soy quien vela el trazo de tu sueño,
quien conduce la luz hasta tus puertas,
quien vela tu dormir, quien te despierta;
yo soy un pez, he sido niño y nube,
por tus calles, ciudad, yo fui geranio,
bajo algún cielo fui la dulce lluvia,
luego la nieve pura, limpia lana, sonrisa de mujer,
sombrero, fruta, estrépito, silencio,
la aurora, lo nocturno, lo imposible,
el fruto que madura, el brillo de una espada,
yo soy un pez, ángel he sido,
cielo, paraíso, escala, estruendo,
el salterio, la flauta, la guitarra,
la carne, el esqueleto, la esperanza,
el tambor y la tumba.



Yo te amo, ciudad,
cuando persistes,
cuando la muerte tiene que sentarse
como un gigante ebrio a contemplarte,
porque alzas sin paz en cada instante
todo lo que destruye con sus ojos,
porque si un niño muere lo eternizas,
si un ruiseñor perece tú resuenas,
y siempre estás, ciudad, ensimismada,
creándote la eterna semejanza,
desdeñando la muerte,
cortándole el aliento con tu risa,
poniéndola de espalda contra un muro,
inventándote el mar, los cielos, los sonidos,
oponiendo a la muerte tu estructura
de impalpable tejido y de esperanza.

Quisiera ser mañana entre tus calles
una sombra cualquiera, un objeto, una estrella,
navegarte la dura superficie dejando el mar,
dejarlo con su espejo de formas moribundas,
donde nada recuerda tu existencia,
y perderme hacia ti, ciudad amada,
quedándome en tus manos recogido,
eterno pez, ojos eternos,
sintiéndote pasar por mi mirada
y perderme algún día dándome en nube y llanto,
contemplando, ciudad, desde tu cielo único y humilde
tu sombra gigantesca laborando,
en sueño y en vigilia,
en otoño, en invierno,
en medio de la verde primavera,
en la extensión radiante del verano,
en la patria sonora de los frutos,
en las luces del sol, en las sombras viajeras por los muros,
laborando febril contra la muerte,
venciéndola, ciudad, renaciendo, ciudad, en cada instante,
en tus peces de oro, tus hijos, tus estrellas.


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La Habana en el recuerdo de sus hijos ausentes. Tercera Parte.


La Habana de  Sergio Chavez..

Una vista de La Habana en un recorrido por la obra de este pintor y maestro que a mi se me antoja un gran minimalista, con agudeza casi inocente de lo que en pintura llamamos puerilismo en su ámbito más general, reducido a lo esencial, despojada de elementos sobrantes para darnos un paisaje completo de gran fuerza expresiva y emocional con la sencillez de los grandes para acercarnos a lo nuestro. Felicidades.


 

Con  Niurka Dreke.




La Habana tiene sus horas felices y yo me he quedado despierta para esperarlas, para aquilatar ese momento oportuno, ese que ahora mismo está entrando por mi ventana. Mi madre duerme en la otra pieza y yo me he enterado que ha llovido por el sonido que hacen los autos sobre el pavimento húmedo de la madrugada. Eso tiene La Habana, lo sabes todo sentada a la mesa de la cocina, sin necesidad de asomarte a la ventana. La Habana es una guerra que perdiste sin echarla. Después de humillarte con un extenuante día, de aplastarte como una cucaracha, de desbordarte con sus pestilencias, con los golpes bajos de una Habana desesperada, de una Habana revuelta, envuelta en el bullicio inquietante, en una madeja intolerante de circunstancias, La Habana, esta poderosa e imprescindible Habana te regala una lluvia, una quietud que renueva, un reposo que ilumina, que te habla de sus mieles y riquezas, de un entorno que te invita a explorar un territorio más allá de los contornos, de los perfiles de una Habana que de día te devora, te trata como una idiota, te despoja de tus brillos, te somete, te atrapa en una sátira, y de noche te susurra al oído su silencio, te mira de reojo, te engatusa, te complica, te enajena, o se hace la loca y te esquiva, pero siempre te regresa una ciudad imperturbable, soberbia, una ciudad con sombrilla y corbata, y bastón, y por supuesto, un clavel en la solapa, una ciudad sin miedos, pero tambien sin coartadas. N.Dreke. (2009)

De: Haydeecita Pereda.



De: Haydeecita Pereda.

Mi Habana
Mi habana quien te viera
luciendo tus trajes nuevos
llenando los horizontes
del más azul de los cielos.

La capital del Encanto,
hoy luce sus trapos viejos
mirando cómo derrumban
lo que un día construyeron.

Pero se alza orgullosa
pensando en sus tiempos buenos
cuando eras la primera
en lucirse al mundo entero.

Con sus lujosos casinos
coches últimos modelos
hoy venimos a quitarte
Mi habana… esos trapos viejos.

Te vestirás ya de luces
le enseñaras a tu pueblo
que todo lo que destruyen
lo construiremos nuevo,

La Habana en el recuerdo de sus hijos ausentes . Segunda Parte.


De: Eliseo Alberto de Diego.

Si me obligan me robaré La Habana
La romperé, verás, con un martillo.
Traeré de contrabando, en el bolsillo,
la noche, nuestro amor y tú ventana.
Si me obligan, me robaré el pasado,
me llevaré mi calle y sus portales,
tú juventud, un verso, las postales
de esa islita qué el odio me ha negado.
Si me obligan, me robaré La Habana
piedra por piedra, amor, pena por pena,
Mi vida rompo, guardo los pedazos,
Escapo antes qué sea de mañana,
Me verás dando tumbos por la arena
cómo quién lleva a su mujer en brazos.




De Tenchy Tolón

Ya no pienso La Habana, ya no pienso en volver a toda hora, mi madre no está y se han ido casi todos los amigos. Ya no pienso La Habana junto al Tejo. No pienso más en La Habana, se me olvidaron sus calles, algunos rostros, los nombres que susurré o grité. No pienso más en La Habana porque no he visto más su azul y nada me recuerda sus fachadas. No he visto más La Habana en el café, ni en las ventanas, ni en las joyas de mi madre que con celo atesoro. La Habana se me está perdiendo en dos décadas de ausencias. No pienso más en La Habana, no existe más La Habana en mi retina. La Habana de ciclones y atardeceres irrepetibles. La Habana se me escurre entre los dedos como el agua que no vuelve y ya no me duele en la memoria, en los altercados que nos separan. La Habana de dudosa majestad y sin embargo, Reina. Se me está yendo La Habana como los hijos que no tuve… Ya no pienso en La Habana, en La Habana ya no pienso. No pienso, ya no, en La Habana. En La Habana, no.
En La Habana pienso... La Habana, La Habana, La Habana, Labana, L'bana… La Habana Soy Yo! (Fragmento) (Fotografía y texto by Tenchy Tolon)





De: Maria A Miro

¿Sabes que La Habana es Escorpiòn?
La conmemoración del 16 de noviembre como fecha de fundación de la ciudad y elección de sus primeras autoridades, le da a La Habana todas las características de un Escorpiòn ( oct.23 a nov.21),en el lado oeste de la Plaza de Armas, lugar donde sucesivas sagradas ceibas, han rememorado a aquella que debió dar sombra al Cabildo Olímpico.

(“Madre mía de la Caridad, ayúdanos, ampáranos……”.♫♫♫♫).

Como Escorpiòn (signo de agua), La Habana está rodeada de ella.
Rara vez el agua es suave; el agua es turbulenta, con olas que llegan –como manada de arcoíris- a gran altura. Entonces, el Malecòn aleja al amor, que en él compite, con sus flechas de oro.
En muchos lugares, el agua se torna carmelita, maloliente, como en el puerto, adonde los bellos barcos lloran, si se mojan los encajes de sus vestidos.
Así son sus aguas, poderosas y apasionadas, cual almas de doncellas abandonadas.

(“Congo, conguito, congo de verdad, yo bajo a la tierra a hacer…..”.♫♫♫♫♫).

El magnetismo que emite Escorpiòn, se levanta como trono de reyes, en La Habana. No se olvida fácil. Es la mujer a la que se hacen adictos los hombres, sin dejarlos mirar hacia otro lado.
Es la joven que, en su celo posesivo, hace olvidar a otras bellas.

(“Radia la luz, poder divino; radia la luz……”.♫♫♫♫).

Intensa, La Habana es la que posa desnuda ante el pintor, deseando que su obra sea la mejor. Y lo es.
¡Definitivamente, lo es!

(“De Guinea soy, la’ buena’ noche, criollo’……..”.♫♫♫♫).

Seria y profunda, La Habana sabe que su pasión es única; por esto, pisan su suelo los mejores músicos; y al arte universal, lo guarda en sus arcas, de forma reservada, aparentemente retirada; pero observando todo con su ojo crítico, ( ojo de águila austera de un marfil rosado ).

Hallamos en cada esquina verdaderos aedas de la palabra: santeros consultando; historiadores abarcando viejos papiros; caballeros tenaces en su andar; hasta un Lennon que le canta y un Gades que le baila. ¡Así es La Habana!

(“Si la luz redentora te llama, buen ser; y te llama con amor a la tierra……….”.♫♫♫♫).

La energía habanera es alta; construye todo lo que se propone, y tiene lo que desea. Su sensibilidad y sensualidad llega a los turistas, que vuelan para deleitarse con ella.

(“Siete días con siete noches, por el mundo caminando………”.♫♫♫♫).

En La Habana las enormes verdades se gritan; y blancas telas cubren, en caravana reinante, desmintiendo al mayor temerario. Ella no sabe morderse la lengua…¡ni lo hará!

(“Pa’ qué tú me llama’ si tú no me conoce,……”.♫♫♫♫).

Y, como excelente amiga escorponiana, te brindará el café, que Oshún misma pondrá en tus manos.

¡Oh, La Habana, alfombra arrogante de ámbar para las vistas!
Cántale, juega con sus olas; pero que sea:
♫♫♫♫ “…en una bonita mañana de Amor”. ♫♫♫♫
Maria A Miro


La Habana en los recuerdos de sus hijos ausentes. Primera Parte.


La Habana creció para convertirse en una ciudad de dos millones de habitantes, sin perder su belleza original y su sello distintivo ecléctico, llamada por uno de sus más afamados escritores, Alejo Carpentier, como la Ciudad de las columnas, valorada por otro grande de las letras, Ernest Hemingway, como una de las tres ciudades más bellas del mundo.
La Habana con su malecón y sus paseos sigue sorprendiendonos, aun en la destrucción , ella se yergue desde sus viejas fortalezas, desde sus casonas coloniales y los mas disimiles arquitecturas que el dan ese morbo, esa ebriedad y ensueño, que quienes la conocen no la olvidan, como la novia que se quedó frente al altar y aun espera por el amado que algun dia volvera por ella.

De: Pastor Pérez Rodríguez
Pastor es un mago, un reto a todo lo que lo antecede y con valentía y una imaginación inagotable camina por las calles de La Habana por caminos trillados por donde se detuvieron grandes pinceles y grandes plumas de las artes cubanas y como si fuera un hechicero recoge el acervo cultural de sus antecesores y de sus manos sale una nueva visión de esos balcones tan recreados, tan únicos y universales, tienen ritmo, el color de lo nuestro, nunca disfrute de esos azules pastorales tan a mi gusto y recuerdo una vieja película, Me enveneno en azules.
La mirada, la audacia del pintor que no escatima para descubrirnos La Habana que todos llevamos dentro, es como si husmeara dentro de cada uno y a todos nos complaciera con el derroche de luces , colores, música, balcones indiscretos que hasta en los ángeles descubres en sus travesuras.
Hay en Pastor algo de lo eterno del barroco cubano, pero con una luminosidad y transparencia que a veces sientes que el pintor nos ilumina las noches habaneras desde sus vetustos edificios que han desafiado al tiempo y el artista nos los devuelve tocados por su varita mágica.


















De Miriam Herrera
HABANA.

Yo no sé como cantarte
porque ya muchos lo han hecho,
yo sólo voy a expresarte
lo que me aprisiona el pecho.

Habana, ciudad querida,
sueño por volverte a ver,
donde desperté a la vida,
donde me hice mujer.

No puedo, en una poesía,
resumir tanta impotencia,
ni tanta melancolía,
ni tantos años de ausencia.

Sólo puedo confirmarte
con ternura y con pasión,
que nada podrá arrancarte
de mi triste corazón.

Esta hija que te extraña
te manda un enorme beso
y te escribo estas palabras
por si acaso no regreso.


DE: Josefa Arias Izquierdo

Mi Regreso

Regresaré algún día,
sé qué puedo,
¿de qué forma?
da lo mismo, de cualquiera,
no importa si en invierno
o primavera,
será en vida o me lleven
cuándo muera.
Pero será un gran viaje
ese regreso,
qué a mi mente llega siempre
cómo un sueño.
Cuándo mi Patria
ya no tenga dueño,
y respire libertad
mi pueblo preso.

Josefa Arias.


de Ares Marrero María

HABANA
I
Estás ahí, tras esa ausencia aparente
invisible entre mis lágrimas… mis entrañas adoloridas
duermo en el lecho de tu olvido
beso las aguas turbias de tu voz
el contoneo de gallos que preguntan sin aliento
bajo el viento cargado de chispas orquídeas blancas
en la pared el tallo invisible de las horas, hojas de hierro
No hay blancura ni fuente, sólo rejas de piedra
la tierra pregunta por qué hiere el color con sus rayos
y mi muerte el ímpetu numeroso de mil cuerpos
se desmadeja el trueno sobre el río que te atraviesa
pútrida Habana que ya no escucho… ni me responde

Berlín. 20 de Septiembre. Día de mi muerte anunciada.

HABANA
II
Tus ojos fueron mis ojos y mi aliento
me alimenté de tus arterias
salí por tus poros hasta que pude hablar a la nieve
Ya no escucho el zumbar de las abejas porque murieron las flores
y los pájaros murieron sobre la costa almendrada
los abanicos de vitral y mis azares merodean insepultos
en las entrepiernas de los caballos
Ya no repetiré los ritos de tus manadas de insectos
pero volveré a la hora de rociar la sangre sobre tus pupilas.

miércoles, mayo 07, 2014

A mi madre.: "Anda, madre, no seas mala"

Dedicado a las niñas secuestradas en Nigeria.

Diego Rivera.
Cuéntame un cuento... para dormir...
Anda madre, no seas mala.

Invéntame uno donde no hables de hombres malos
ni de brujos que se llevan a las niñas
 a hacerles cosas malas.

Cuéntame de príncipes que rescatan  princesas
donde nadie se muere y los hombres no matan 
y que nadie venga a robanos nada.

No me hables hoy del hombre del saco
porque no quise comerme la mermelada.

Cuéntame algo para dormir soñando
 que existen las hadas
aunque tú y yo sabemos
que no hacen nada.

Hazme un cuento donde todos sean buenos
aunque no existan las hadas
y despertar manana sin miedos ni odios
paar convencerme que el mundo es bueno
y los hombres no matan
ni se llevan a las niñas por la madrugada.

Anda, madre, no seas mala.

♥ Entrada destacada

Imagina:

 Imagina: un gran escenario del gran teatro del mundo.  Imagina:  que eres una asombrada espectadora escondida entre bambalinas  s...