Un merecido recordatorio a Julian del Casal (1863-1893)



Hay seres que llegan al mundo predestinados a la tristeza y a la soledad, entonces al nacer la vida los premia con algo que los haga diferentes, a Julián del Casal le regalaron la poesía, fue su fiel aliada. La suerte no fue su mejor amiga, le preguntaba al creador ¿Por qué me has hecho Dios mío mi alma tan triste?
El momento histórico que marcó su existencia no fue el mejor para su alma de poeta, comienzos y finales de siglo, nacía una nueva forma de decir, se anunciaban los mundos exóticos del modernismo, la Paz del Zanjón y la guerra del 95….así transcurrieron sus años de juventud y su vida... murió cuando debía comenzar. Le toco una sociedad esclava sin ideales ni orientaciones, traía trazada la ruta de su destino marcado por la fatalidad.
El desaliento, el país agotado ya, los fuegos de la rebeldía apagados, sólo dos caminos, el de Martí titánico y el de muchos, perder la fe, la esperanza, tal vez nuestro poeta se alió a estos últimos, se sentía como muchos poetas de su época maldito, no podía escapar a su mundo, a su continuidad.
Si Baudelaire fue el místico desesperado del siglo XIX, creía que el hombre era un ser creado para el mal, condenados por la eternidad al fuego eterno más bien un títere del diablo a quien llega a implorarle porque la divinidad no parece responderle ,nuestro poeta comparte con él ciertas ideas estéticas pero no ve la maldad del hombre como el francés, pero odia la miseria que pesa sobre la humanidad es un gran observador y descubre las lacras del mundo colonial en que vive y llega a odiar todo lo que le rodea. Vive pobremente en La Habana, se gana la vida como funcionario del Ministerio de Hacienda y escribe en un periódico de la época, cronista de La Habana  desde donde fustigó muchas veces los vicios y desafueros de la sociedad cubana de su época.
Como dice Mirta Aguirre: “No le faltó a Casal la comprensión de los males que aquejaban a la sociedad cubana y si bien no alzó nunca “la alta espada del canto” para atacarlos, supo denunciar en su prosa aguda las miserias de su existencia y satirizar con frases irónicas y lapidarías los aspectos de decadencia de la aristocracia colonial, cuya disolución predice,
”La antigua nobleza de Cuba, compuesta de familias cubanas, está condenada desde hace algún tiempo, ya por su posición actual por razones políticas ver elevarse al lado suyo otra nobleza, formada de ricos burgueses, sin más título que su fortuna, salvo honrosas excepciones.”
Otro ejemplo de una de sus crónicas es esta estampa de Ricardo del Monte:
“los burócratas…los aventureros, dónde desaguan las inmundicias humanas de la civilización europea, donde medran los contrabandistas de zarpas leoninas y de almas bituminosas, donde imperan los mercaderes de vientres paquidérmicas y de rostros farisaicos, donde el azúcar, el guano, las pieles o la manteca de cerdo se cotizan más alto que el mejor poema, el mejor cuadro, la mejor estatua o la mejor sinfonía,”,
La miseria moral puede apreciarse:
“en la posición falsa de nuestros grandes hombres que se asfixian por regla general, en las cloacas del foro, en el ambiente de los hospitales o en los páramos del periodismo político; en la de los jóvenes literatos que, por librar míseramente la subsistencia, se ven obligados a cultivar, desoyendo las voces de las sagradas aspiraciones, un género bastardo de literatura, consagrado a los actos privados de nobles decrépitos y hasta de tahúres enriquecidos en los garitos financieros…”
El conocía nuestro dilema... no se hacía ilusiones en las conocía y las denunciaba en sus crónicas, su poesía iría por el camino de la belleza, utilizo su verso para buscarla y ese será otro tema; su poesía .Ahora nos interesa este Julián del Casal que vio la verdad desnuda de nuestra patria, el vio “las innumerables fuerzas latentes que con empuje formidable nos arrastran diariamente hacia la sombra, hacia la barbarie….vio a las dos potencias repartirse la isla. Una con “plumaje negro, otra de plumaje aureo”no puede acusársele de indiferente cuando lloró en sus crónicas la muerte de los ocho estudiantes de medicina, fusilados criminalmente el 27 de noviembre de 1871…”oyendo sus gritos de inocentes, mezclados a los golpes estridentes del látigo que suena todavía...”También exalto el valor de los héroes del 95 y si es muy conocida su poesía “A un héroe ‘, dedicada a Antonio Maceo.
No le faltó el conocimiento ni la comprensión del problema de la patria, le falto la fuerza física y el entusiasmo, para luchar contra lo que el llamo “miseria helada, eclipse de ideales/cadenas de oprobiosa servidumbre...”
Su destino lo convirtió siempre en víctima, fue un niño condenado por la orfandad, un joven enfermo que como le dijera Rubén Darío cuando lo conoció “Tú cultivas tus penas”
Su vida termino trágicamente muy joven. El mismo escribió su epitafio:
‘Amo solo en el mundo la Belleza
¡Que encuentre ahora la Verdad su alma!”


georgina miguez lima ©.

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