Edelmirita I


 Era una mujer bella, bellísima, con unos ojos de un color indefinido, la boca roja que incitaba al beso, el  pelo larguísimo negro como el azabache, cuentan que solo se cortaba las puntas el día de la Candelaria  pero de ese tipo de belleza que no trasciende a los hombres, un misterio, más que bella un adorno como pintada por algún pintor famoso. Recuerdo que mi madre siempre decía -Tan linda y se quedó para vestir santos .Eso sí, muy devota y algo santurrona. Todos los domingos a misa y ni allí se encontró con un santo varón que la llevara al altar  o como decían los del pueblo que le hicieran el cuento. Después supe por mi prima Meme  que a los hombres no les gustan las mujeres santurronas ni tan perfectas y también contaba que la bella estampa salida de un almanaque con caras de santas de la época, no lo era tanto. Tocaba el piano como un prodigio y hasta pintaba en los murales de la Iglesia angelitos y cristos crucificados, hacía versos a la virgen y también a alguien que amó mucho en el más absoluto silencio, eso se supo después que las mellizas revisaron el baúl de sus recuerdos
Allí vivía sola ,bueno ,no tan sola, había un cuadro en la entrada de la puerta de la sala de su casa que cuando lo mirabas desde cualquier ángulo te seguía, yo pensaba que hablaba con ella sobre todo después que la madre tuvo la ocurrencia de morirse cuando aún no le tocaba .Nunca se supo quién lo pintó, seguro uno del pueblo, eso sí, parecía una artista, cuando pasaba con mi prima como quien no quiere las cosas, lo miraba  y hasta quería ser igual  a ella cuando fuera grande , mi prima me regañaba, no sabes lo que estás diciendo nació con mala estrella .
Se quedó  solterona como decían antes  ya ni se usa esa palabra porque las de ahora  no se casan si no les da la gana. Dicen que no supo nunca lo que era un hombre, se quedó con su belleza guardada en las paredes de la iglesia, las campanadas y los cerrojos marcaron su vida y en los rincones de la casona en la que vivió siempre, allí fue envejeciendo pero la seguían llamando Edelmira, yo de tonta no sabía que se llamaba Edelmira.
 Algunos  dicen que la culpa de todas sus desgracias  la tuvo la madre que la ocultaba de los hombres le temía a su belleza, a la cara de ángel con que vino al mundo, pero también cuentan que la mamacita se las traía, No, ella no fue la Edelmirita, ahora me la imagino una especie de Bernarda Alba criolla. Nunca se casó pero se le conocieron maridos a los que mi abuela les llevaba la cuenta, cada vez que pasaba un hombre por la acera decía- Ese, ése fue marido de la Paquita- A ella no se me iba uno! Todos! y miraba a mi papá con picardía. Porque otra cosa no se conocía quien era el padre de la bella dama devota. Mi madre decía que era el abogado del pueblo, por cierta guapísimo, pero muchos años después se supo que era Arturo un viejo muy serio y respetable del pueblo de la iglesia protestante y con cargos públicos que tenía trapos sucios y salieron a relucir cuando el escándalo de las mellizas pero ese será otro breve relato, posiblemente el próximo.
georgina miguez lima ©.

Comentarios

  1. Georgina, gosto de ler os teus contos. Deixas os leitores presos até ao fim da história.

    Parabéns!

    um forte abraço
    oa.s

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