¿Puedes creer que sueño y me digo mentiras?



¿Recuerdas aquel día que te pedí tu poesía prestada?  Esas cosas no se piden, cuantas veces quise olvidarlo pero descubrí aquel poema y no pude decirte adiós… lo sabemos los dos… lo descubrimos aquella tarde de palabras y arrumacos en los abrazos que desde el silencio nos dimos. Aquel día me quedé con tu sonrisa, la dejaste en mis labios olvidada, no te la devolví nunca, me la robé junto con aquellos besos los que después descubrimos que no besaban nuestros labios nos besábamos el alma donde se acurrucaron y quedaron escondidos.

Te seguiré esperando aunque no pueda ver tu mirada clara porque desde lejos se pierde pero la presiento, la oigo, la tengo siempre a mi lado, está en esta ciudad gris, dentro del automóvil, en mi sofá azul, me acompaña mientras en las tardes camino, la estoy mirando aunque alguien hable de política o de milagros o de enanos o de camellos o de duendes o de pecados, en la cocina mientras friego, en el jardín cuando riego y en la cama cuando duermo… la veo desde mi almohada , le hablo cuando nadie me ve…  hoy estoy muy cansada, tengo sueño, no inventé nada, debo sacar turno para el dentista, no tengo ganas de cocinar, entonces me pasó una cosa bien rara vi una rana roja saltando desde mi ventana, me voy a la cama y te pienso y espero por tu poema que tal vez ni hayas escrito y de tanto esperarlo hasta me duermo  ¿Puedes creer que sueño y me digo mentiras? Sí…  él estuvo anoche aquí porque cuando miré a la Luna me encontré con tu sonrisa, le hice un guiño y descubrí que estaba besando el beso que aquella tarde nos dimos.
georgina miguez lima ©.

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