Frankenstein

Cuantas veces nos inventamos y construimos nuestro propio Frankenstein, le buscamos un rostro, le damos vida a un corazón de mentira, lo vestimos con los mejores ropajes de nuestros poetas favoritos, pero no nos damos cuenta en el proceso de la creación que es un ser irreal que aunque nos empeñemos en verlo y escucharlo en noches de lunas y estrellas nunca será el espejo de nuestra alma  porque no existe.
 No hay por qué culpar a las palabras dichas al viento que quedaron oxidadas en los recuerdos y el silencio. No formas parte del naufragio, eres una marioneta de mi imaginación, no existes, no te culpes aunque no te vea pasar ni oiga tu voz, ni vea tu rostro no me quiero ir porque para entonces solo serás una copia que se ira disolviendo en la sonrisa de un nuevo amanecer…tampoco voy a regresar, dejaré guardada en un cajón esa copia de mi invención.
Quedarán recuerdos pero no aniversarios… las mariposas amarillas volaran lejos…no habrá que escribir “te amo” sobre las olas del mar porque para entonces estarás olvidado en un papel arrugado de un viejo libro que ya nadie lee y puede que un día algún niño travieso lo descubra y me pregunte…tendré que hacer un esfuerzo para evocar el rostro que te invente…entonces sonreiré y saldré a caminar.

georgina miguez lima ©.

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