Relatos de Halloween.

Los suicidas.
Y si un día descubres que todo es un cuento
que no sabes a donde ir
Y descubres un cementerio de huesos rotos
donde fueron a parar todos los suicidas.

La muela.

Fue un día como otro cualquiera en  la modorra del pueblo, algunos ni se enteraron , fue al siguiente que lo supieron y mira que estas cosas corren por las calles de los pueblos. No fue una muerte trágica como la que merecía, se murió de un dolor de muelas, las cosas que tiene la vida, tantas vidas a cuestas y murió como mueren los hombres buenos, después se supo que muchos de los muertos que se le cargaban no los había cometido el, pero cría fama y acuéstate a dormir y eso fue justo lo que paso, se sacó la muela y se quedó dormido sin darse cuenta que se le iba la vida por aquel hilo de sangre de la carne rota, el perro Aníbal la iba lamiendo y alguien le vio el hocico rojo y allí lo encontró sin una gota de sangre en el cuerpo, algunos decían que era un trabajo de Chiquitico Faget para que su propia sangre lo ahogara como había hecho en vida con tantas almas.

Los güijes.

Aquella tarde cuando los güijes del rio vinieron por ella nadie en el pueblo lo supo porque siempre llagaban en las noches y la sorprendieron en el jardincito que estaba al fondo del patio cuando el sol no se había escondido del todo ¿Quién iba a pensar que a esa hora y en ese lugar tan amado vendrían por ella? Ni siquiera se escondió detrás de la puerta como era su costumbre, cuentan que los confundió y alguien la vio sonreír cuando la encontraron junto al pájaro amarillo, sobre todo al negrito de ojos azules, hasta la oyeron decir que le parecía muy raro un güije ojiazul. Las cosas de los pueblos cuando supieron que se la habían llevado, todos pensaron en Vicente, el hombre del saco que asustaba a los niños...

La voz
Siempre se le veía en las tardes sentaba junto a la loca sin cruzar palabras a esperar las horas sin regresos que tanto la atormentaban…ni los gorriones del puerto, ni las lluvias de marzo, ni el canto de la lombriz lograron sacarlo del alma...a él solo lo esperaba… En las noches oscuras y de miedos cuando las nubes se pintaban de grises, sentía el embrujo de su voz… llegaba como las lluvias, sin permisos pero se le perdía… como un lamento que casi no escuchaba…de pronto sentía que la veía...eran solo pedazos de sílabas garabateadas en la esquina de aquel papel que siempre guardaba debajo de la almohada…
-- La Luna debe habérsela llevado a otra ciudad, pensaba mientras me dormía y soñaba con  mi muerto.

georgina miguez lima ©.

Comentarios

  1. Tienes una creatividad increíble,no puedo ni imaginar cómo canta una lombriz, y cuándo leo tus relatos hasta la escucho....Gracias Gini por compartirla con nosotros.

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