Mi verdad



No es necesario llegar desnuda a tus instintos, solo la evocación y los antiguos besos nos darán las señales y regresaremos al callejón de los recuerdos que quedaron rezagados en los vetustos adoquines donde escuchamos el ruido de las sirenas que nadaban por el pavimento de los faroles que alumbraban los altos edificios de adobe


Desde lejos oigo los viejos pregones que me recuerdan esa extraña sinfonía que escucho cuando la tarde quiere besarme y me avisa que la noche es nuestra hora sagrada para rendir culto a las antiguas provocaciones del deseo que se perdían por toda la ciudad cuando la melodía iba transformándose en maullidos de gata en celo y la lejanía se acortaba, se multiplicaba y terminábamos mirando al cielo que socarrón se acostaba y abría la puerta a las estrellas.

Eres lo que no digo a nadie, la pieza del rompecabezas perdida que un día encontré dentro de Ulises y supe entonces que cien años caben en un día y que mi verdad es la que llevo dentro, lo que me invento y no digo a nadie, la que me acompaña y juego con ella cuando voy en el tranvía y hago películas de mis recuerdos que no existe la soledad que siempre buscamos a alguien aunque no lo encontremos nunca porque en su  búsqueda está el misterio de mi verdad.

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