La maleta



¿Quien pudiera viajar con el alma compartida en una maleta como la de Raúl Ruiz? Una parte sentarla a la mesa y decirle, no te vayas, tú ahí, espérame, regreso ahora y llevar mi otra parte conmigo por la ciudad de Batman, descontruir la sonrisa de la Monalisa, buscar a mis duendes en el río Almendrares y ligera de equipaje  ir por las calles del mundo, pensar que en el próximo anden la olvidaré  junto con  mis culpas, mis miedos a los muertos y a los locos, mis momentos de infelicidad, mis egos inflados, mis broncas internas, mis  infidelidades, mis ideas absurdas, mis amores ocultos... Entonces volveré al mar y le pediré perdón por abandonarlo sin despedirme, decirle que no lo odio porque un día quiso tragarme que lo escucho todavía en mi ventana y quiero regresar... 

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