La sonrisa del Chef...



Para un buen amigo Julio Rodríguez Santana.
Escritor, chef y poeta.

Había una vez un chef que era muy famoso, muy famoso, pero tan famoso era, que por todos los parajes de los mundos más lejanos llegaban sus recetas y todos se preguntaban: ¿Será un mago?

Su fama llegó al palacio del rey y la reina quiso invitarlo. Le enviaron el coche real para ir a buscarlo, venía engalanado y por pajes escoltado; pero el chef se puso bravo y quiso ir caminando. Se encontró por los caminos dulces frutas, lindas flores, hojas secas que acolchaban el camino, con la sombra de los árboles que le brindaban su abrigo…entonces fue que escuchó nuevas voces y viejos trinos.

 _ Hola, buen chef, amigo, ¿a dónde vas con tanta prisa?

_Voy al palacio del rey pues él mismo me ha invitado.

_Mucho honor te hace el rey...de dónde vienes buen amigo?

_Vengo de un país lejano, del país de las Mc Donald.

_Aquí inventamos el vino y serás agasajado.

 Regalaba su sonrisa a todos por el camino, era su mejor receta que llevaba siempre consigo. Asombrados se decían

_Es nuestro rey que deambula por los bosque del camino, pero vieron su sonrisa, se sintieron confundidos y siguieron su destino. Las ardillas y las zorras lo escoltaban, allanándole el camino.

 El chef siguió caminando, se tropezó con unas matas de ciruelas y manzanos... alguien lo había empujado y se escondió tras unas rocas que habitaban el camino...De pronto, el buen chef se asustó, sintió voces y berridos y vio a un Dios que jugaba a los escondidos, como el chef era travieso retozó por los caminos, no sabía que era el Dios Pan que corría por los bosques y aparece en los caminos… lo asustaba y se escodía pero terminaron siendo amigos...

Cuando al palacio llegó, él traía su sonrisa era su mejor regalo que a todos impresionó... La noticia había volado desde Facebook a los soldados y a los súbditos del rey, todos fueron convidados pues venían a saludarlo y a gustar de sus recetas. Se sentía muy feliz pues vendrían nuevos amigos que por Facebook había invitado.

Llegó la hora de la cena, todos fueron recibidos, de lugares muy remotos llegaron los convidados . Un conde griego pidió musaka, plato exótico y olvidado; el lord inglés un sándwich con helado; un vizconde alemán de cara seria un frikdeller con daiquiri y fue ordenado; una principesa del reino de Nápoles, una pizza Light y un sprite bien helado, también fueron ordenados; un Pachá de la India un coco acamarelado al estilo de Bombay; un Sultan árabe con turbante y antifaz reclamó un pollo asado, un mojito y un Grab cakes; la archiduquesa francesa coca cola y un puchero; luego vino el Rey Arturo se comió un buen bistec con cerveza y un asado; un príncipe ruso llegó y pidió un plato algo bien raro, pero el chef lo complació le buscó un buen venado, un mojito y un helado. Todos fueron complacidos, unos decían ¡Qué rico!; otros  ¡Sabroso!  ¡Oh ¡ Qué buen asado ! Se tomaron buenos vinos, también hubo un buen helado, los chocolates y almendras andaban por alfombras salpicados.


 Sólo hubo una princesa que no probó ningún bocado. La princesa estaba triste y él la quiso complacer, le ofreció una chirimoya cubierta de fresa y miel…La princesa no quería, ella nada respondía…Lo miro bien a los ojos, se escaparon sus palabras

_ Sólo quiero tu sonrisa...Yo no quiero otro regalo.

Pero el chef tenía un secreto y le dijo estas palabras:

_Una muchacha
Con ojos de fuego dulce
Como ese panal de miel
Donde prefiere esconderse
De las miradas soñadoras
Quiere ser salvada.
De una muerte de amor

 Siguió el chef que también era poeta y ella sola lo sabía.
_Ya no se vale morir de amor, ya no puedes ejercer tu sueño para borrar la eternidad…
Mi sonrisa tiene dueña, sólo traigo aquí un poema como regalo de amor…”por eso mi beso…por eso tu asombro…por eso…simplemente…este poema .

Pobre, pobre princesa, de los ojos de miel,
Ella quiso la sonrisa que no pudo darle el chef.
Y soñó con unos besos y una noche de amor.

La princesa se escondió ya no quiso ver el sol.
 Y este cuento se acabó...

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