De cuentos para internautas “Se busca a G- i ” (Wanted)



Cuando avanza el silencio, se borran los caminos, terminan las fronteras.
Los recuerdos andaban sueltos al fondo de los Martínez, se hacían guiños desordenados y seguían su rumbo hasta llegar al mar, donde van todos a parar. Los recuerdos no mienten, todos sabían que había huido y dónde podrían encontrarla pero no quedó un solo rincón, la buscaron en la casa del loco que se lleva a los malos en su saco, en el callejón de los pecados, en la casa del agua, en el huerto Chin Chuy, el único que sembraba violetas en el pueblo y aunque sabían dónde encontrarla se les borraron las fronteras por el olor a silencio y a olvido que en esos días lo inundaba todo.

No busco las sombras de la noche para marcharse, simplemente se fue, atrás quedaron los murmullos y la oración que le leía la abuela todas las noches contra el maldehojo de San Luis Beltrán. Se dio permiso para buscar su humanidad que sentía que robaban los poshumanos que poco a poco fueron llegando en nuevas hordas de la Modernidad y ella un mal día los siguió.






  No aprendió nunca a vivir entre muros invisibles que no todos ven y solo piensan en el muro de Berlín o en el Muro de las lamentaciones que existen otros más crueles, esos que te hacen pensar que eres la que otros crean y te hacen a su manera como un objeto más del mundo efervescente y cambiante de la última moda y no la que vive dentro de ti, la que tú te inventas y recreas y hasta te sientes narcisista al mirarte al espejo, la otra debe tener más huesos, hablar en todas las lenguas, ser amistosa, reír, reír  a toda hora , sin quejarte nunca de tu suerte, sin contradicciones, sin defectos visibles o invisibles. G-i, descubrió que en el mundo globalizado había que pagar un precio muy alto por ser uno mismo, quiso conservar el rubor, el asombro, el miedo y eso no iba bien con la nueva estética, solo debes ser un perfil, una fotografía por eso se buscó la que más le gustaba, aquella que trajo en su maleta y un día descubrió en un viejo carnet y se sintió bella y se puso triste cuando descubrió sus ojos.




Pensaba en su humanidad aunque el corazón fuera donado y tuviera clavos en las rodillas. Por eso cuando un día un periodista quiso entrevistarla y le pregunto qué le dirías a un extraterrestre y ella le contesto:

-¿Cómo decirle que no soy una máquina que soy real
que tengo un alma y tengo unos garfios clavados en mi  corazón?
 ¿Cómo decirle a un extraterrestre que necesito de sangre para vivir
 que soy una máquina perfecta que no puede dejar de respirar,
que regreso a la nada y soy un cuerpo, una nueva carne posthumana?
 ¿Cómo decirle a un extraterrestre que soy un cuerpo escindido
 entre lo natural y lo artificial?


Todos vivían creídos que los poshumanos habían invadido el fondo de la casa de los Martínez por eso cuando ella decidió cruzar al frente, borró las fronteras, allanó los caminos en busca de la libertad con alas que está en el viento entre las hojas y descubrió que somos nuestro propio sueño insertado en el corazón de quienes nos aman y amamos...

Continuará…


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