A propósito de un comentario de Armando Araya Garcia acerca del gran pintor cubano, Pastor Pérez Rodríguez.

 De Armando Araya García acerca del gran pintor cubano, Pastor Pérez Rodríguez.




 El paisaje es tema, del que de la mención emanan imágenes de tantos pintores, que es difícil asociar expectativa de sorpresa a él en el quehacer contemporáneo. Alejar de lo virginal el reflejo de la naturaleza fue sendero de novedad hasta que, como todo hallazgo válido, la excepción se hizo concurrida. La visión paisajística de lo arquitectónico ha tenido exponentes de gráciles reflejos y en la pintura cubana las referencias acuden desde pinceles renombrados. Esto hace atrevido el acercamiento de quien lo emprende, ineludible encontrará en el juzgar abundancia de uso a referencias. No sólo de paleta serán, sino de alusiones, también, a plumas fértiles que han recreado el abrazo en la mixta cubana del barroco y lo popular, se nutrirán las comparaciones. El acto reflejo es puerta ancha para el sentir en la expresión y recibo del arte, pero lastre a menudo para el hacer de la crítica. Nos llega un cubano con aire desenvuelto, autodidacta y con el buen sentido de agregar, a la posibilidad de frescor que esto ofrece, interés por saber de la herencia técnica. En lo que de su obra dedica al tema del paisaje urbano, atraviesa fachadas antes respetadas. Introduce el pincel, ventana abierta, en el trasfondo que guarda la ciudad y sin manido costumbrismo nos muestra, en paisajes, escenas de su Habana. Vaya, que sí es nuevo Pastor y nada bucólico. 

Armando Araya Garcia

Vaya, el amigo que dice lo que me gusta escuchar, es un placer leer estas notas tan a tu manera, estoy de acuerdo contigo, en este mundo contemporáneo de la pintura cubana, Pastor es un mago, un reto a todo lo que lo antecede y con valentía y una imaginación inagotable camina por las calles de La Habana por caminos trillados por donde se detuvieron grandes pinceles y grandes plumas de las artes cubanas y como si fuera un mago recoge el acervo cultural de sus antecesores y de sus manos sale una nueva visión de esos balcones tan recreados, tan únicos y universales, tienen ritmo, el color de lo nuestro, nunca disfrute de esos azules pastorales tan a mi gusto y recuerdo una vieja película, Me enveneno en azules, la mirada, la audacia del pintor que no escatima para descubrirnos La Habana que todos llevamos dentro, es como si husmeara dentro de cada uno y a todos nos complaciera con el derroche de luces , colores, música, balcones indiscretos que hasta en los ángeles descubres en sus travesuras. Hay en Pastor algo de lo eterno del barroco cubano, pero con una luminosidad y transparencia que a veces sientes que el pintor nos ilumina las noches habaneras desde sus vetustos edificios que han desafiado al tiempo y el artista se recrea y nos los devuelve tocados por su varita mágica. Gracias a los dos por el disfrute de tan buen arte. Saludos.

Gini Miguez Lima.








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