Rota.



“Creo que todos tenemos un poco de esa bella locura
 que nos mantiene andando cuando todo alrededor
 es tan insanamente cuerdo.”
 Julio Cortázar.


Rota.

 ¿Cómo es posible Compadre que bastaran sólo unos segunditos para echar al río tantos años? Son muchos, si mal no recuerdo... se me olvidaron  ¿No cree, mi viejo Segismundo?
¿A mí me lo contaron? ¿O fue que acaso lo leí en una de mis tantas lecturas a escondidas en algún rincón de la casona que me quedaba tan grande y tan vacía? ¿Era yo esa persona? Y como tantas cosas que he olvidado, se me borró? ¿Acaso me pasó a mí? No… pero no, estas historias si somos los protagonistas duelen mucho y se quedan para siempre, han caído tantos aguaceros desde aquel día que al fin él se marchó y nunca más se supo de su paradero.
 Nada compadre que la mente se entumece y llegan otros recuerdos y aquello son como episodios que vivimos en otra dimensión, en otra piel, en otro rostro que ya no nos pertenecen, no son de nadie y las historias, corren como el viento con diferentes colores y hasta olores ¿No cree en los aromas de los recuerdos? Pues yo sí, hay veces que hasta me asustan y pregunto: ¿Quién anda por ahí? Nadie me responde y ahí está la magia, me siento como un ser surreal que sabe cosas que a nadie le suceden y quisiera verlo, saber cómo es, de que época, cual es la ropa que usa, como es su voz…  Entonces se lo cuento a Alex, que es el único que cree en fantasmas y en aparecidos. Casi siempre son olores que llegan con algún recuerdo de alguien que un día conocimos aunque no sepamos distinguirlo bien pero sé que existió y  compartimos un pedazo de tiempo porque eso sí, el tiempo se puede hacer pedazos, arrinconarlo por unos instantes y entonces lo hacemos nuestro aunque desaparezca y se nos vuelva a presentar con otros olores , con otros tintes, llega con el viento que es su mejor  aliado , yo por lo menos siempre los veo llegar junticos, a veces he pensado en fotografiarlos , creo que es única forma de hacerlos eternos, atrapados para siempre, robándoselos a la luz y volver a ellos.
 Bueno, compadre, me puse a divagar, no me haga mucho caso que anoche tuve sueños muy disparatados que no me atrevo ni a contarlos, siguiendo el hilo de la conversación le decía, ¿Me escucha? Creí que dormía con mis tontadas, pero espabílese y le cuento que aunque las hayamos vivido palmito a palmito se distorsionan y crecen en la imaginación porque si así no fuera no tendrían la fuerza de algo que se rompió y solo los recuerdos lo pueden reconstruir, porque ahora pienso, yo no era joven ni vieja, era  esa etapa en que somos más viejos de lo que quisiéramos y la juventud la vemos en otros, en nuestros hijos , en la tele, entonces sentimos que vivimos muy a prisa tan imbuidos en nuestro tiempo, oh, el tiempo, si eran cosas del tiempo que había transcurrido y que regresaba tan fresquito, tan ladino, tan cruel y ladronzuelo, como si se contrajera, que dicen algunos sabios que se contrae aunque ni usted ni yo creamos en esos milagros pero las cosas ocurren aunque no las creamos, fíjese en la fe, nada, Compadre que nos las inventamos, aunque no somos los mismos, algo así como si se rompieran los años y los estrujáramos y guardáramos en un cartucho y te preguntas, ¿Cómo romperlos si solo los vemos pasar y nadie ha podido guardarlos? Yo quise guardarlo entre mis recuerdos y encerrarlos  y no supe, se me  escaparon y desperté con tanto tiempo pasado que no podía recoger y empezar de nuevo, como un diablo malo  me miraba cuando me ponía ante el espejo, entonces leí a Proust, “En busca del tiempo perdido” y nada, no lo pude secuestrar. Me invente historias, recogí olores y se perdieron en las teclas de mi vieja laptop, las palabras se rompieron con el tiempo, volaron con él y las guardé sin tiempo sin olvido, sin lágrimas porque esas tampoco cuentan aunque dejen sus huellas en el papel pero ni eso, si ya no estrujamos cuartillas, nos quedan los baúles, los cofres de piratas, ya no me pertenecían aunque hubieran salido de mis entrañas, de mi corazón roto porque ese si se rompe, compadre y duele y corre a prisa y se para ¿ Me sigue Don Segismundo, me oye?
 Ya no soy aquella mujer que quería con agallas y que lloraba por todo y quería atrapar al tiempo, ni que estuviera en Comala conversando con dona Eduviges… Sí señor, que para algo sirve inventarse un mundo para uno solito ¿No cree, Compadre Segismundo?

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