Secreto V. El abrazo.





Entonces no sabía solo que estaría en el camino correcto cuando perdiera el interés por volver la vista atrás, dejaría de hacerlo instintivamente por mucho que ahora a cada paso la volvia como quien busca algo. Años después pensaría de otro modo... siempre dejamos algo atrás cuando nos vamos y ese fue su mejor consuelo cuando descubrió que no necesitaba mirar al camino tan trillado que se iba perdiendo a la vista. Aun las grietas estaban bien abiertas y a la niña de 13 años, rota y abandonada solo su inocencia la salvaba y su natural inteligencia, no sabia remendar esas roturas, después supo que solo dependía de ella su sanación, maquillarlas, hasta que no quedaran huellas para eso la buena mujer que siempre la protegió, estaría a su lado.

La acompañaba Camino que poco podía hacer tan diminuto y ronronero, mirarla como lo hacen los gatos y algún miau que se le escapaba, ambos se necesitaban, los dos lo sabían y se creo una complicidad sin palabras, los ojos hablaban el lenguaje del verdadero amor, ahora solo le servía para abrazarse a el cuando sentía la necesidad de un abrazo o de un susurro, no importaba en que lengua, no estaba para darle interpretaciones a los afectos porque una voz misteriosa le hablaba al oído le decía que los verdaderos ella los descubriría, se abrazaba a su nuevo compañero de desventuras y olvidos y hasta  lograban conciliar el sueño abrazados hasta el amanecer.

  La desconsolada niña no había descubierto el papel que los sueños tendrían en su vida, trampas de la mente humana, sensibilidades de las almas grandes, solía extrañar, no sabía que extrañar solo ocurre cuando guardamos buenos momentos y sonreía al imaginarse cuando la vieja Yaya le hacía historias, la mayoría inventadas, eso lo sabían muy bien las dos aunque nunca se lo confesaron eran complicidades tan necesarias cuando pensamos que la vida es bella a pesar de los pesares, eso no lo borraría. Era la madre que le habían arrebatado, la única en la casona que la abrazaba cuando la veía llorar, no se desprendería de esos recuerdos, de esos instantes de felicidad y de amor, estarían acompañándola siempre.

 La soledad la llevaba a pasar largas horas en contacto con la naturaleza, aún no se había acercado a la ciudad que desde lejos vislumbraba, con una especie de temor oculto que se leía en sus ojos de un color indefinido.

 ¿Cuál sería su destino? ¿Que le aguardaba a la niña asombrada que todo la asustaba?



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