Para una biografía de Thomas Mann.




Amanecí profunda y me dije nada de cuentecitos de brujas ni de duendes traviesos, a volar y pensé en irme a algún país del que conozco bien poco. Me fui a Alemania y con el primero que tropocé fue nada más y nada menos que con Thomas Mann, estas cosas nada mas me pasan a mi- calla boca sabandijuela-  que eso le pasa a muchos, porque es uno de sus grandes escritores y te quiso dar la bienvenida... No tengo arreglo... y le sonreí...

Asi empezó mi dia 9/29/2016 de la mano del afamado escritor, premio Nobel en 1929, de inmediato,  me llevó a su pueblito donde nació, Lübeck, un 6 de junio de 1875. Recorrimos todos sus rincones, no hay cosa que me guste más que recorrer pueblitos, se le notaba el gusto que le daba mostrarmelo porque además dejaba al descubierto una parte de su vida,de su niñez y parte de su adolescencia al lado de su familia. Para mi gusto, me resulta austero y triste pero mientras caminábamos lo iba entendiendo y yo a su lado estaba bien lejos en un pueblito de Cuba, él no mostraba mucha alegría, se lo pregunté en alemán para establecer la comunicación y sentí que se sorprendió mucho oyéndome hablar en su lengua materna, vi que  sonrió, cosa que no había conseguido en todo el trayecto y me contestó en un perfecto alemán. - Entre nos, no le entendí nada, pero igual nos reímos muchísimo y me tomó del brazo para ayudarme a pasar por un puente gris.
No se bien quien me lo sopló al oído, un dios germano, enseguida pensé que escuchaba escondido entre los árboles... pero  parece que le di las gracias en un perfecto alemán y me invitó a un café, el lugar acogedor donde en su juventud se reunía con amigos y las ideas y posturas asumidas por aquellos años quedaron reflejadas en las Consideraciones de un apolítico y me confesó que lo planteado en el libro en gran medida iba en contra de Zola.

 Hablaba sin parar de su vida en Lübeck, en Munich, sus viajes a Italia y lo hacía en un español chamuscado que me enternecia, ahora si lo entendía perfectamente , me levanté y le di un beso, se quedó pasmado, entonces se animó para hablarme de su hermano, de su madre.  Ya empezaba a mezclar el español con el alemán y en ocasiones me dejaba botáaa, cosa rara, lo seguía entendiendo, no se me escapó el más mínimo gesto de sus ojos azules, me gustaron muchísimo y casi que se lo di a entender. Le sonreí haciendo una muequita que parece me quedó muy bien, me devolvió la sonrisa cambiando el tono que sentí más cálido más íntimo. La sabandija que anida en mi alma sacó la cabeza - Me lo eché en un bolsillo. pienso que musité bajito  y él con un gesto, muy suyo, eso se me ocurre ahora.
  Me dijo: Queé? En mi interior sentí una voz airada: -Eres una payasa manipuladora.

Continuará

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