★Conversando con Mario Benedetti en mi barrio de Alamar, Cuba.


Me gustaba tanto verte comprar papas en nuestro mercado, a veces coincidimos en la 215. En aquella época, solía ver las cosas diferentes, mi alma no se había contagiado, volaba, volaba... y me sentía tan a gusto a tu lado, era algo así como sentirme importante, tu eras poeta y yo te leía en algunas publicaciones de la época La Gaceta, El caimán ...
¿Acaso era más libre a pesar de la jaula?
Es que sigo pensando que a veces solo basta un abrazo para solucionarlo todo, no sé si piensas igual que yo o si donde estas ya no se piensa. Debe ser raro, dejar de pensar o ¿acaso es mejor?
Sí, sé que no me puedes contestar... Me escapé en el tiempo... No tengo remedio...
Yo aquí, pero no entre la misma gente, ni en el mismo lugar, como dice Juan Gabriel. Ahora son otros, ya no compran papas conmigo en el mismo mercado, ni hacemos colas para la guagua pero sigo pensando en las musarañas y hablo sola... Tú me descubriste un día ...


Edificio 12 Plantas, Alamar donde vivía el poeta.

 Cada ciudad puede ser otra.

Cada ciudad puede ser otra
cuando el amor la transfigura
cada ciudad puede ser tantas
como amorosos la recorren

el amor pasa por los parques
casi sin verlos amándolos
entre la fiesta de los pájaros
y la homilía de los pinos

cada ciudad puede ser otra
cuando el amor pinta los muros
y de los rostros que atardecen
unos es el rostro del amor

y el amor viene y va y regresa
y la ciudad es el testigo
de sus abrazos y crepúsculos
de sus bonanzas y aguaceros

y si el amor se va y no vuelve
la ciudad carga con su otoño
ya que le quedan sólo el duelo
y las estatuas del amo

"Ella me daba la mano y no hacía falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano y eso era amor".

 Mario Benedetti.


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