Jose Martí, culminación de la historia cubana, "la posibilidad infinita" Lezama Lima.



Con este fragmento escrito por el gran escritor José Lezama Lima pienso brindarle mi  homenaje al otro José, José Martí y Pérez en su 164 aniversario. Seguro que donde quiera que esté me lo agradecerá.

 Lezama Lima fue un escritor de una palabra golosa, henchida de atolladeros y de selvas sobre las más extraordinarias fantasías e imaginerías de agudezas y sarcasmos, Martí, un innovador, el creador de una nueva forma de decir,que se adelantó a su tiempo y fueron muchos sus discípulos que recogieron su grandeza, no podía faltar Lezama Lima quien lo sentía muy cercano aunque nunca nos dejara un ensayo sobre el gran hombre, el gran artista y patriota y se me ocurrió unirlos en este encuentro, hablando del otro cubano admirable y asombroso, al que en algún momento llamó un misterio.

Vamos a ver que nos dice Lezama Lima, leerlo con atención y cuidado es un pillo, sabe mucho. Ahí os los dejo porque van juntos en este intento por homenajear a nuestro José Martí en su cumpleaños.
Lo que les propongo leer esta tomado del libro “Para leer debajo de un sicomoro” que contiene una serie de entrevistas que Félix Guerra le hizo a Lezama Lima en la década del sesenta sobre diferentes temas y nos dejó esta semblanza de José Martí que  retrata al Apóstol como pocos:

TEXTO.
«Martí es un vecino arropado de los senderos, un solitario que mira de frente y se abanica con palmas. Una levita olorosa a camino, a monte, a ciervo que busca amparo, a banderón de la entrada. Su mentón huidizo carece de importancia, porque vive bajo un follaje bigotudo.

Es una persona intensa, olvidada de los espejos. Crece duplicándose desde la barbilla a la frente, donde redoblan faldas y palmares. El mar es un apócope de su persona y él es un aféresis bien pensado del mártir. La suma amplitud de su patriotismo se ensancha con la magnitud del hueso frontal y algunas occipitaciones de fondo. Ojo de mirar profundo, aunque no oscuro, penetrante, aunque sin filo, perfila una sinuosa búsqueda sin sombrero sobre la tierra. Se entrega, con cariño manifiesto, manosea, acaricia de cerca, exhibe dedos irrefragables, se acoda, escucha, percibe, riposta. Y entre ambos, platicador y platicado, abulta una enredadera de tilos y cundiamores, saúcos y buganvillas, hasta que amanece y las crepitaciones se rinden incondicionales al verbo.

 ¡Qué mansa inmensidad, qué furiosa dulzura! Adereza palabras inefables para alabar virtudes y anatemas espantosos para azotar pecados. Aunque nunca se detuvo en ninguna mejilla con el látigo en la mano. La sátira o la ironía, raramente mordaz, se tendían como puente imperceptible o como rosa de enero. En el rostro le jugaba una sonrisa, leve, no de alegría ni por chistes o bromas (aunque sí parece que se podía constatar su eventual sentido del humo), sino por una dulcedumbre tristeza de amor que se alelaba en el aire, entraba a los pulmones, planeaba como hoja de otoño, se dejaba atrapar, silbaba otro poco y luego iba a buscar nido al anochecer. Nunca nadie fue igual, tanto en días de vendimia como de vivaqueo.

 Fue un peregrino en movimiento, abandonado a ratos y a ratos oculto de su propio parapeto cervical. Su ternura se alimentaba de un encantado manto freático, en territorios ubicados al sur y al norte. Al viajar, alternando miradas de águila y de paloma, le crecieron nuevas ramas y raíces, como al ser destinado por los aleros para meditar en las más agudas y suaves aristas materiales. Era un coloso colosal. Aunque el estilo griego, no por la estatura sino por la figura. Su esqueleto fibroso dimensionaba dentro del traje y desbordaba la elocuencia de las diversas locaciones.

 Rimaba estrella con locura, mientras advertía el remanso de las expansiones y la demencia de las lejanías. No fue ciertamente hombre para vivir atribulándose hasta los 70, ni para fallecer durmiendo en un catre o hamaca, sino, paradójicamente, para atacar con un arma que no dispara y cabalgar hacia un enemigo que ama más que aborrece, que desea más redimir que derribar…»
Fin del texto de Lezama.

Conclusiones:

Para Lezama Lima, José Martí es la culminación de la historia cubana porque ofrece "la posibilidad infinita", pero, a la vez, representa para ella la plenitud de la palabra cubana: En José Martí culminaron todas las tradiciones cubanas de la palabra , retomó la tradición, profundizó el conocimiento do nuestros clásicos, so empapo de las zonas mas creadoras de nuestra expresión. Fue un reavivador del idioma, es decir, el español, desde la época de los grandes clásicos,   .... Martí puso al servicio de su causa los recursos mas cautivadores del arte y de la inteligencia .... Fue suerte inefable para todos los cubanos que aquel que trajo las innovaciones del verbo las supiese encarnar en la historia.
Fue suerte también que el que conmovió las esencias de nuestro ser fue el que reveló los secretos del hacer. El verbo fue así la palabra y el movimiento del devenir.

Son expresiones de Lezama acerca del patriota cubano José Martí.




Comentarios

  1. Un regalo la lectura. Profundas reflexiones con el simple flujo del sentir. Gracias.

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    1. Gracias, sólo usted me diría esas palabras que tanto aprecio. Saludos Armando .

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