... Y tus pantalones verdes.



La voz del viento llegaba
cargando versos, canciones y rezos,
de olores a brisas del mes de abril
y de las mandarinas verdes.
Andaba confiada
segura de que Dios existe
y los duendes también.

... Llegaron las lluvias,
sin avisar  ...

Te busqué
en los rostros de otros...
Invoqué a Buda, a Jehová, a Satanás
a los dioses musulmanes y a los taoístas
a los condenados a muerte,
entre mis muertos,
entre los inmigrantes
 los dreamer,
 los peregrinos,
los hechiceros,
 los saltamontes.

Pregunté a los ángeles
de las madrugadas
 a las sombras....
Conocían de otro
igual a ti
con tu rostro, tu sonrisa
 y tus pantalones verdes.

Así fue que busqué
aquella del ultimo carné.
No podías ser tú....
 Eras...
Volví la hoja
parecías un ser  malvado y virulento
un pájaro hambriento
usurpador de nidos
voraz de codornices
mentiroso y cobarde,
 en el lodazal del tiempo
vendiendo panfletos
para el próximo concierto.

Te eché en algún tiesto
entre mis alpargatas verdes.





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