"Ruido de pasos"¨Cuento de Clarice Lispector

"La vida de cada hombre
es un camino hacia sí mismo,
el intento de un camino,
el esbozo de un sendero."
Hermann Hesse



Tenía ochenta y un años de edad. Se llamaba doña Cándida Raposa. Esa señora tenía el deseo irreprimible de vivir.
El deseo se sustentaba cuando iba a pasar los días a una hacienda: la altitud, lo verde de los árboles, la lluvia, todo eso la acicateaba.
Cuando oía a Liszt se estremecía toda. Había sido bella en su juventud. Y le llegaba el deseo cuando olía profundamente una rosa.
Pues ocurrió con doña Cándida Raposa que el deseo de placer no había pasado. Tuvo, en fin, el gran valor de ir al ginecólogo.
Y le preguntó, avergonzada, con la cabeza baja:
—¿Cuándo se pasa esto?
—¿Pasa qué, señora?
—Esta cosa.
—¿Qué cosa?
—La cosa, repitió. El deseo de placer —dijo finalmente.
—Señora, lamento decirle que no pasa nunca.
Lo miró sorprendida.
—¡Pero ya tengo ochenta y un años de edad!
—No importa, señora. Eso es hasta morir.
—Pero ¡esto es el infierno!
—Es la vida, señora Raposo.
Entonces, ¿la vida era eso? ¿Esa falta de vergüenza?
—¿Y qué hago ahora? Ya nadie me quiere… El médico la miró con piedad.
—No hay remedio, señora.
—¿Y si yo pagara?
—No serviría de nada. Usted tiene que acordarse de que tiene ochenta y un años de edad?
—¿Y… si yo me las arreglo solita? ¿Entiende lo que le quiero decir?
—Sí —dijo el médico-. Puede ser el remedio.
Salió del consultorio. La hija le esperaba abajo, en el coche. Cándida Raposo había perdido un hijo en la guerra.
Era un soldado de la fuerza expedicionaria brasileña en la Segunda Guerra Mundial. Tenía ese intolerable dolor en el corazón: el de sobrevivir a un ser adorado. Esa misma noche se dio una ayuda y solitaria se satisfizo.
Mudos fuegos de artificio. Después lloró. Tenía vergüenza. De ahí en adelante utilizaría el mismo proceso.
Siempre triste. Así es la vida, señora Raposo, así es la vida. Hasta la bendición de la muerte. La muerte.
Le pareció oír ruido de pasos. Los pasos de su marido Antenor Raposo.



Clarice Lispector.
 Nació en 1920 en una familia judía en el oeste de Ucrania. Como resultado de la violencia antisemita que tuvieron que soportar, la familia huyó a Brasil en 1922, y Clarice Lispector creció en Recife. Tras la muerte de su madre cuando Clarice tenía nueve años, se trasladó a Río de Janeiro con su padre y dos hermanas, y se fue a estudiar derecho. Con su marido, que trabajaba para el servicio exterior, vivió en Italia, Suiza, Inglaterra y los Estados Unidos, hasta que se separaron y se volvieron a Río en 1959; murió allí en 1977. Desde su muerte, Clarice Lispector se ha ganado el reconocimiento universal como el más grande escritor moderno de Brasil.


Comentarios


  1. "Tengo miedo de escribir. Es tan peligroso. Quien lo ha intentado lo sabe. Peligro de hurgar en lo que está oculto, pues el mundo no está en la superficie, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que instalarme en el vacío. Es en este vacío donde existo intuitivamente. Pero es un vacío terriblemente peligroso: de él extraigo sangre. Soy un escritor que tiene miedo de la celada de las palabras: las palabras que digo esconden otras: ¿cuáles? Tal vez las diga. Escribir es una piedra lanzada a lo hondo del pozo. Meditación leve y suave sobre la nada. Escribo casi totalmente liberado de mi cuerpo. Como si este levitase. Mi espíritu está vacío por tanta felicidad. Tengo ahora una libertad íntima solo comparable a un cabalgar sin destino a campo traviesa. Estoy libre de destino. ¿Será mi destino alcanzar la libertad? No hay una arruga en mi espíritu, que se explaya en espuma fugaz. Ya no me siento acosado. Estado de gracia."
    Un soplo de vida, Clarice Lispector

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