La Habana Elegante,“la otra cara de la luna”: Julián del Casal


No muchos cubanos conocen esta faceta de Julián del Casal, en Cuba poseía los dos tomos que se habían publicado de las crónicas del poeta durante su estadía en el periódico La Habana Elegante, no me los pude traer porque los había prestado a un amigo que después supe en aquellos días abandonó la isla y su familia no sabía nada de mis libros y nunca supe si se los trajo para acá, lo cierto que lo lamente mucho.Estas crónicas están recopiladas si mal no recuerdo por el autor de este capítulo Ángel Augier, que trato de recrear porque se que los que conocen y gustan de su vida y su obra, lo van a agradecer o no, tal vez no se den por enterados, pero siempre tuve esta deuda con Julián del Casal, tan huérfano de amor que tanta poesía guardaba en su alma y a través de la lectura de lo que aquí les cuento y pongo algunos fragmentos de sus crónicas, me van a entender lo contenta que me puse al encontrar el artículo que tanto he buscado. Aquí os dejo con este Julián del Casal diferente que me ha llegado muy profundamente porque no deja nunca de asombrarme.


La imagen que ofrece Julián del Casal de si mismo a quienes lo conozcan sólo a través de su poesía, es, pues, la de un ser vencido por las penas que reniega de la vida y de su entorno social, que ama la soledad y languidece obsesionado por la muerte. Esa patética imagen del yo lírico, tan genuina y conmovedora expresión de su compleja personalidad, no es,sin embargo, la imagen total. Lo demuestra el conocimiento de su prosa literaria y periodística: algo así como descubrir “la otra cara de la luna”.

En la medida que nos adentramos en la lectura se advierte la dualidad del poeta que escribe versos y del prosista de sus crónicas, es como si de pronto el poeta se nos convirtiera en un historiador y a los que leímos a los cronistas al estilo, las crónicas del peruano, Ricardo Palma, también de un cubano que ahora no me viene el nombre, empezamos a descubrir y disfrutar  disfrutar de La Habana de finales del siglo XIX y las frivolidades de los salones elegantes, el lujo y la belleza ; o nos hacen acompañarle en su audaz y valeroso enfrentamiento con los funcionarios y otros personajes de la colonia, con lo que se desmiente a la indiferencia del poeta por los acontecimientos históricos del momento histórico que le tocó vivir, con que se le ha intentado identificar, solo un soneto a Antonio Maceo, lo salva de esta ignominia.

No podemos olvidar que" Casal pertenecía a una promoción literaria que surgió –integrada al pensamiento y la sensibilidad patriótica de una tradición cultural forjada por las generaciones precedentes, de La Habana finisecular donde cada vez se hacía más evidente la agudización de las contradicciones entre el estatus colonial español y las legítimas aspiraciones de la conciencia nacional cubana." y mucho me gusto , descubrirlo.

La sociedad habanera iba creando sus propios modelos de expresión, no tan sujetos a la metrópoli y parece significativa la coincidencia  de la fundación de tres publicaciones representativas de la época: en 1885, la Revista Cubana, de Enrique José Varona, continuadora de la Revista de Cuba (1877-1884); y en 1883 y 1885, respectivamente, los semanarios La Habana Elegante y El Fígaro.También se pusieron de moda periódicos y revistas de los modernistas latinoamericanos que llegaban desde París

En la línea de la crónica inserta Casal sus artículos sobre la sociedad habanera de la época dando muestras de un grandes conocimientos históricos, una ironía desafiante y un interés por los detalles casi pictóricos con que acompañaba sus descripciones.

 Ambientes mundanos recogidos y publicados por el Conde de Camors”, que Casal concibió como libro, inspirándose en las ideas y obras de la escritora francesa Juliette Lambert, fundadora de la Nouvelle Revue Française, quien patrocina una sensacional serie de volúmenes sobre las sociedades de las capitales europeas. El proyecto del libro habanero –que parece haber seguido la estructura demuestran hasta  qué punto se insertó Casal en la vida pública cubana y se comprometió con las aspiraciones patrióticas de su pueblo, plenamente imbuido de la realidad histórica de la época.

 Basta reproducir el proyecto por capítulos tal y como fue anunciado en La Habana Elegante: I. El general Sabas Marín y su familia, II. La alta burguesía, III. La antigua nobleza, IV. Los antiguos nobles en el extranjero, V. Las grandes familias, VI. La nueva nobleza, VII. Los príncipes del dinero, VIII. El Gran Mundo, IX. El Demi-Monde, X. Definición del Austria, XI. La prensa, XII. La literatura, XIII. El arte pictórico y musical, XIV. Los teatros, XV. Los círculos, XVI. El Sport.

El 25 de marzo de 1888 apareció en la revista el primer capítulo del futuro libro, referido a la máxima autoridad colonial de Cuba. En rápidas y atrevidas pinceladas, trazaba los rasgos, nada favorables, de la personalidad física y moral del procónsul y los defectos de su ejecutoria pública. El tono de audaz ironía aplicado al gobernante, iba compensado por la galantería consagrada a la familia. La reacción no se hizo esperar: fue decretado el secuestro de aquel número de la revista y el autor de la crónica llevado a juicio. Fue absuelto, pero quedó cesante de su empleo en la Intendencia de Hacienda.

Ni a Casal ni a La Habana Elegante intimidaron las consecuencias del primer capítulo, las cuales pudieron haber sido mucho peores. Los tres números siguientes de la revista acogieron las crónicas correspondientes al capítulo III consagrado a “La antigua nobleza” de la sociedad de La Habana.

El cronista hace alarde una vez más de sus dotes de pintor y de su poder descriptivo, en una prosa elegante y pulcra, salpicada de gracia e ironía criolla, donde no disimula su hostilidad contra las jerarquías de la casta colonial ni su simpatía a los cubanos de título nobiliario, si bien de ideas y ejecutoria progresistas y revolucionarias. En cuanto a lo primero, bastan algunos párrafos:

El conde de Lagunillas, (...) se ha distinguido por los diversos cargos que ha
desempeñado en el Casino Español. El Austria cubana lo cuenta entre los
suyos. Cultiva discretamente la poesía; pero administra mejor sus bienes.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El Conde de Casa Barreto, (...). Su casa es de las más abigarradas que conocemos.
Desde que se llega al umbral, hasta que se penetra interiormente,
todo revela el mal gusto de su dueño; (...)
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
el Marqués de Aguas Claras, que lleva el título de Conde de Villanueva, sólo
se distingue en las filas austriacantes. También es Jefe de Voluntarios.
Aunque mira mucho, ve muy poco. Un día, al verlo bajar de su coche, en la
acera del Louvre, le dijeron a un periodista muy conocido:
—¡Ahí tenéis un Grande de España! –¡También su cochero es grande de
África!

En contraste con el justificado tratamiento a los “austriacantes” (calificativo dado a los reaccionarios integristas agrupados en el partido Unión Constitucional y con referencia a la“casa reinante” con anterioridad a los Borbones), Casal exaltaba a un héroe de la guerra de independencia de1868-1878 (quien volvería a combatir al régimen colonial en la de 1895): El Marqués de Santa Lucía, uno de los supervivientes de la revolución Cuba es el más demócrata de  los aristócratas y el más aristócrata de los demócratas. Se ocupa de todo, menos de su título. Sacrificando su bienestar se lanzó a la defensa de la Patria y logró reemplazar a Carlos Manuel de Céspedes, en el puesto de presidente de la República Cubana. (...) Cuando estalló la revolución, esta familia se dividió en tres grupos. Durante el espacio de un año anduvieron errantes sin saber unas de otras. Ocultas en miserables harapos, iban por el escenario de la guerra, acordadas por el estruendo de la guerra.

Asombraba el caudal de información que poseía el cronista acerca de las intimidades de las linajudas familias criollas y el número de indiscreciones en que se atrevió a incurrir, envueltas en galantes efusiones ante la belleza de las más jóvenes y de finas cortesías a las menos jóvenes damas. Seguramente dejaría para algunos de los otros capítulos del libro en proyecto, algo que debió atormentar a un espíritu tan sensible y justiciero: destacar el hecho de que la opulencia y la opulencia de aquella sociedad había nacido del trabajo esclavo y en el infame comercio de la trata. ¿A cuántos
“negreros” encubiertos no habría desenmascarado el indiscreto cronista?

Como era de esperar, otro sonado incidente provocaron las crónicas sobre “La sociedad de La Habana”. El Círculo Habanero, aristocrática sociedad de la que era órgano oficial La Habana Elegante, formuló una declaración en la que no se hacía solidaria con dichas crónicas. Como colofón en la polémica suscitada, la revista respaldó dignamente a su redactor y renunció a continuar representando al Círculo Habanero, en cuya junta directiva abundaban los títulos nobiliarios. Fue significativo que la prensa liberal habanera se solidarizara con la correcta actitud de la revista, en la que continuaron apareciendo otros capítulos, salteados, de la serie: el XI. La prensa. Fragmentos; el IV. Los antiguos nobles en el extranjero; el XIII. Los pintores. Fragmentos, a los que se añadieron dos crónicas más sin especificación de capítulo: El general Salamanca y Bustos femeninos. Del proyectado libro no se volvió a tener referencia alguna.

Es de lamentar que sólo se ofrecieran fragmentos del capítulo dedicado a la prensa habanera de la época, pero significativo que Casal pusiera el énfasis precisamente en la Revista de Cuba y en su continuadora la Revista Cubana, por considerarlas “obra patriótica”, con justas frases de admiracion y respeto para su director, Enrique José Varona, maestro de las nuevas generaciones criollas, y para sus colaboradores, particularmente, Manuel Sanguily, “héroe superviviente de la revolución cubana”. El único diario que menciona el cronista es La Lucha, y tal preferencia se justifica en un juicio del cronista: El diario llegó a ser, en corto espacio de tiempo, el órgano de la opinión pública, la cual está por encima de todos los poderes. Ocupándose minuciosamente de lo sucedido, diciéndolo todo sin rodeos, interpretando los sentimientos populares, pidiendo el cumplimiento de reformas prometidas y anunciando las que reclamaba el porvenir, ha hecho temerse, no sólo de los que desempeñan los primeros cargos públicos, sino de todos los parásitos que pululan alrededor de estos. No se comete un solo acto de ilegalidad sin que al instante sea denunciado por el diario democrático.

Fue breve y difícil, pues, la aventura emprendida e interrumpida, el intento de reflejar la imagen de una compleja sociedad en ciudad que no era capital de nación independiente, sino de una colonia que pugnaba por su libertad. Para analizarla, no cuadraba aplicarle los esquemas utilizados al presentar las viejas sociedades europeas, tampoco convenía al régimen colonial, ni a los intereses creados a su sombra, el análisis de aquella infortunada sociedad, donde tantos amasaban y dilapidaban fortunas.

Crónicas  y breves narraciones de tragedias humanas continuó escribiendo Casal para las dos revistas que tenía a su disposición, sin descontar algún que otro artículo sobre obras o autores y traducciones de poemas en prosas de Baudelaire y de otros poetas franceses, durante los primeros meses de 1890. A fines de este año, seguramente apremiado por necesidades personales, luego de perder su empleo burocrático, entró en el exigente mecanismo de un diario, La Discusión, que al mismo tiempo amplió el horizonte de sus relaciones sociales. Casi cotidianamente, bajo el seudónimo de Hernani –el personaje del debut romántico de Víctor Hugo–, no sólo suscribió comentarios ligeros sobre la actualidad artística particularmente la teatral, sino también artículos evidentemente de interés administrativo para la empresa, sobre establecimientos comerciales de lujo y crónicas de acontecimientos de diversa índole, sin excluir los de salones elegantes, todo lo cual da idea de una vida activa, rica en experiencias mundanas.

Parte 1 .CONTINUARA...

Comentarios

  1. Un tema muy interesante. ...que le da valor a alguien ha sabido visualizar entender...aspectos históricos de su epoca...a la luz de una coincidencia...en este caso el resurgimiento de la conciencia nacional...cubana...

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares