LA RUTA A CASA.


                                CASA DE ALAMAR, HABANA DEL ESTE, CUBA.

Por Gini Miguez-Lima
No, me dejaron ser hedonista, ni positivista, ni dualista, ni agnóstica, ni existencialista, ni hippie; solo marxista fidelista eran los años duros y aquí estoy sacudiéndome el polvo del camino, la vida se me acorta y voy en carrera, hacia mi meta al otro lado del mar.
Ahora soy capitalista, republicana, consumista Mi celular es mi amuleto, que me acompaña, sin poderlo evitar, tengo amigos fantasmas que no puedo abrazar, los imagino a mi manera y les mando besos y flores que llegan frescas y olorosas porque son online.
Estoy en la cima del mundo, ya no es el monte Everest, ni el Himalaya,. dónde Ernest Hemingway solía soñar y cazar.
Vivo en el gran país de los rascacielos, que desafían a las montañas donde tantos desean llegar, quiero seguir el camino, aún no encuentro mi Ítaca, creí que caminos de libertad en cualquier puerto los podría encontrar.
En mi isla, ya todos se han ido al Norte, cruzaron la mar, anduvieron por el continente de un lado al otro, buscando un sitio en esta tierra que los aguarden y los cobijen para buen vivir.
Yo sigo mi ruta siguiendo al gran Ulises que lo pudo alcanzar.
Pobre ilusa de los cuentos de las Mil y una noche, de las hazañas de Elpidio Valdés y de aquel caballero manchego, el ilustre hidalgo que vivió loco y murió cuerdo de tanto pensar en un reino de paz y de justicia que nunca pudo encontrar, para el terco caminante que creyó que el mundo era otro.
Sigo la ruta de los que fueron primero, los caminantes sagrados que ahora se pierden entre los rascacielos, los puentes nunca vistos, los Expressway, los hombres sin rutas que van de arriba, a bajo sin tener una meta a dónde llegar.
A ellos me sumo a los caminantes que van por el mundo, buscando su Ítaca y sigo buscando a mis perritas, a mis libros, a las tumbas de los míos que dejé aquel día y sé que me aguardan y quiero llegar.

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