Somos la sonrisa del Universo

A los que como yo, tienen miedo.
Le rindo culto a la hormiga que carga un trozo de pan a su cueva para repartirlo entre todas.
A las cucarachas, vencedoras  del TNT, de cataclismos, eternas y vivarachas.
Al águila que lo ve todo y no lleva lentes y cuando no puede volar no le teme a la muerte.
A la serpiente que lleva el arma mortal para sus enemigos y  nosotros las construimos y la imitamos.
A los sabios tiburones, dueños del mar por no enfermarse nunca y siempre salirles los dientes
A la oruga que se vuelve mariposa revoloteando por el mundo y nos demuestra que cien años caben en un segundo
Al arcoíris que aglutina los colores y en una fiesta de disfraces pintoretea el paisaje.
A Eva por comerse la manzana y enseñarnos  a conjugar el verbo amar, te bendigo, amiga , por mis momentos sagrados.
A las rosas, a las azucenas porque nos hacen olfatear el aroma del tiempo.
Al mar, que un día pensé era infinito y me desafió y salí  como Venus entre sus olas y en prueba de amor me regaló su murmullo, su olor... 
Me arrodillo ante Dios, sea cristiano, judío, musulmán o el viejo Zeus que lanzaba sus rayos desde el  Olimpo intemporal y misterioso. E l hombre podrá matarlos, arrancarlos de la faz de su planeta pero no asesinaran nunca al amor, a la poesía que insertaron en nuestros cuerpos y nos hicieron eternos, nos adueñamos de las utopías, de las pasiones y le sonreímos al Cosmos. Gloria eterna al primer cromañón que osó desafiar a los dioses y le regaló su sonrisa…  grafiti que se grabó en el cielo como cuño en el devenir de todos los tiempos.
Somos la semilla de un Dios caprichoso que se esconde y  manda a otro, no necesitamos ver  su rostro porque nos lo inventamos día a día en el metro, en la cola del pan , en las cárceles, en la oficina, en la ducha, en el bulevar de los sueños rotos donde pasean las prostitutas, en las sonrisas, en el cementerio, en los hospitales, en los atardeceres, en los barrios de negros, en los carteles de la droga, en la noche estrellada, en el llanto, en los manicomios, en la algarabía de los niños, en la alegría, en la campiña, en la lluvia, en el desierto, en el vuelo de las aves, en las hojas que se lleva el otoño y nunca regresan,  lo descubrimos donde quiera que esté aunque a veces no acuda a tiempo y  no venga porque cuente los peces en el río.
Somos los dueños de la sonrisa, de la poesía, la melodía del Universo como dijera Tagore, que fue sabio, poeta y semidiós.
 Somos la sonrisa del Universo.

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